Nuevo Laredo, Tamaulipas.-El descanso eterno para ellos no tiene significado porque nunca nadie los visitará al estar en calidad de desconocidos, ya sea porque fallecieron en el río Bravo, porque el tren los mutiló, o porque fueron víctimas de grupos criminales al intentar cruzar el río.
Es el mausoleo a los migrantes desconocidos, aquellos que murieron y que nadie nunca los reconocerá por la falta de documentos o de familiares que no los reclamaron, y ahí se encuentran algunos de los 21 migrantes desconocidos que murieron este año, y que no se sabrá sin eran de México o de otros países.
Se encuentra a la mitad del panteón municipal antiguo, el lado sur, pegado a la pared que colinda con la calle Bolívar; ellos se suman a otras tres mil tumbas, de un total de 49 mil que existen en este camposanto, que se encuentran en total abandono desde hace décadas, porque los familiares exhumaron sus cuerpos y los llevaron a su lugares de origen, y porque ya nadie se acuerda de ellos.
Cada año sepultan en este panteón una 900 personas, y como cada año ocurre, el panteón municipal antiguo se viste de gala, al recibir a miles de visitantes que desde distintos lugares del país y de Estados Unidos, que acuden para recordar a sus muertos, llevarles unas flores y de paso, cantarles al son de varios grupos musicales que a petición de los familiares, entonan populares canciones.
Allí se encuentra el grupo norteño Regionales del Bravo, integrado por tres músicos; acordeón bajo sexto y tololoche. Antonio Vázquez, de 70 años es el vocalista del grupo desde hace más de 25 años, y cada año acuden al pante4ón ‘buscando la vida’, como dice Antonio, aunque durante la semana se dedican a cantar en bares y cantinas, a petición de los parroquianos.
“Está un poco difícil, pero sabemos que se debe aunque hay mucha gente, pero se pueden ver cómo están las tumbas solas”, explica quien toca el tololoche.
Las canciones se entonan de acuerdo a quien las pide, pero más hacia quien falleció, si era joven, hombre o mujer, o alguna persona ya mayor, “y cantamos según lo que le gustaba al difunto, pero casi siempre son los corridos”, menciona.
En el lado opuesto del mausoleo a los migrantes hay una tumba que en agosto fue visitada por militares y policías federales y estatales, y no porque visitaran algún familiar, sino porque allí, dentro de una tumba, amaneció una persona atada de pies y manos.
Es una tumba abandonada que nadie visita, por lo que quitaron la pesada losa, echaron al difunto, y recolocaron la lápida, pero a las pocas horas el olor delató lo que había dentro.
Son historias que se cuentan entre los visitantes, algunas aterradoras como esta, y otras no tanto, como la de doña Conchita Sánchez, una mujer de manera frecuente visita a sus familiares que fallecieron hace tiempo y que fueron enterrados uno a uno en este panteón. Entre ellos figuran dos de sus nietas que perdieron la vida en un accidente, explica.
Una historia reciente es la delos hermanos Raúl y Fabián, de 14 y 15 años de edad respectivamente. Con pala en el hombro cada uno acuden a este panteón desde hace dos años, para ayudar a los familiares de los difuntos a limpiar las lápidas y las tumbas.
“La gente nos paga bien por lo que hacemos, y limpiamos en estos días unas 50 tumbas por día, pero solo en esta temporada”, mencionaron.
A este panteón acuden cada año unas 100 mil personas durante la temporada, antes y después, y
aunque la mayoría son de esta ciudad, muchos provienen de Nuevo León, Coahuila, Zacatecas y San Luis Potosí, aunque también de Texas.