El clamor general, ante la escalada de precios, de aumento en derechos y más, es el que escuchamos en todas partes, en todos sentidos y todos los tonos: “ya no nos sangren”, y parece que no hay llenadera en el aparato oficial.
La gente se queja del alza en derechos, y uno de ellos, sin duda alguna, es el referente al proceso de cambio de placas que tendrá que llevarse a cabo el próximo año, y del que no se encuentra sentido lógico más que el que se refiere a una mayor captación de dinero.
Parece que quienes toman decisiones sobre el particular han olvidado su misión principal que es la de procurar el bienestar de una sociedad que les ha elegido como representantes y como gobernantes.
Se han olvidado que los salarios no suben año con año, y que las autoridades federales anuncian con bombo y platillo los ridículos dos o tres pesos que aumenta el llamado “salario mínimo”, pero por otro lado, nos restriegan los salarios de diputados, senadores, ministros y funcionarios de primer nivel, como si fuéramos dos naciones distintas: la de ellos y la de los que no tenemos derecho a una vida digna.
No podemos dejar de pagar nada porque inmediatamente nos ponen escollos, multas, y una serie de recursos que nada tienen que ver con la congruencia oficial.
Es, seguramente, el ambiente que encontrará Manlio Fabio Beltrones cuando visite la ciudad este fin de semana, para presidir la reunión del PRI estatal, y de paso, tenga una visión de los precandidatos que, en forma ilegal y extraoficial se encuentran en campaña –precampaña, le llaman ellos- desde hace varias semanas, ante la complacencia de la autoridad federal electoral, así como de un partido que nos ofrece justicia social, pero que avala el incumplimiento de la ley en sus prospectos a candidato.
No ha congruencia, definitivamente.
Y Beltrones seguramente escuchará la voz de sus militantes y las exposiciones de razones de cada uno de los aspirantes a candidato a gobernador: todos tienen una razón por la que piensan que deben ser elegidos, y todos tienen algo que puede interpretarse como una barrera para serlo.
Y en ese sentido, Beltrones viene a medir el pulso, lo que para muchos de los tamaulipecos y mexicanos en general es incongruente: ya es tiempo que este tipo de decisiones no tengan nada que ver con el visto bueno de Los pinos y su habitante principal, o con que sean o no amigos del presidente del CEN tricolor.
Los tamaulipecos quisiéramos como candidato y próximo gobernador a un tamaulipeco real, no de esos que se han ido a hacer carrera al Distrito Federal y se acuerdan de nosotros cuando hay oportunidad de hacer dinero a través de un cargo nuevo.
Los tamaulipecos buscamos un candidato que realmente se identifique con nosotros, y en ese sentido, la lista se reduce significativamente, porque pocos son los que merecen nuestra confianza.
Ya no queremos que Beltrones o alguien más arriba de el visto bueno a un golondrino, que solo sabe que existimos cuando hay campañas y posibilidad de gobernar. Queremos a alguien que se comprometa con la población de la entidad.
Hartos estamos de esos vividores de la política que ahora salieron con que están muy preocupados por nuestro bienestar y hacen reuniones que ni ellos mismos se las creen, porque sus aparatos de difusión no han podido manejar algo adecuado que no suene a demagógicos momentos electoreros.
Quisiéramos que en Tamaulipas se elija a un tamaulipeco congruente con nuestras necesidades y posición, y sobre el tema, si se logra sacudir la estorbosa influencia del D. F. y sus “iluminados”, realmente tenemos a una sola persona que pudiera lograr una buena candidatura, congruente, lógica, creíble, pues.
Ya es hora que entiendan que con sus posturas populistas no nos convencen, o al menos, no a nosotros, y que estamos cansados de esa política barata.
No ofendan nuestra inteligencia popular, por favor, ¡no más!