Cd. Victoria, Tamaulipas.-No es común ver a un hombre tejiendo y menos en la vía pública, pero cuando la edad llega, el trabajo escasea y la necesidad apremia, la pena se queda en casa y con orgullo se muestran las formas que puede tomar una bola de estambre a dos agujas o al crochet
Don Leonardo Rebollo Reyes tiene 85 años de edad, y desde los 60, encontró en el tejido de estambre la sobrevivencia de su familia:
“Ya ni me acuerdo cuando aprendí a tejer, hago de todo desde gorros, bufandas, mañanitas, chalecos, a mi edad es un orgullo terminar en una hora una bufanda, cualquier banqueta es buena para sentarme a tejer y mostrar a la gente lo que mis manos arrugadas todavía pueden hacer”.
Con el tejido bajo el brazo, y la bolsa de estambre disponible cuenta que cada diciembre viene a Victoria desde el estado de México, dispuesto a ganarse unos centavos para pasar el fin de año con su mujer que lo espera en casa.
Menciona que tejer el público no es cosa menor, pues han llegado a decirle que hacerlo es cosa de “viejas” sobre todo aquí en Victoria, donde no es común que se haga, porque en su pueblo hace muchos años era tradición :
“Aquí me ven raro, pero en mi pueblo más antes era costumbre que los hombres de los 15 a los 20 años supieran tejer estambre, dominar las agujas, ahora ya no, por decir mis cinco hijos agarraron un poco de estudio y trabajan en otra cosa, aunque yo a veces los ayudo con lo que saco de la venta de las piezas que tejo”.
Don Leonardo comparte que además de haber encontrado en el tejido su fuente de ingresos, hacerlo le mantiene la mente ocupada y las manos en movimiento:
“Tejer me relaja además que me sirve para las articulaciones, me da contento ver como a la gente le gusta lo que hago, incluso me buscan y me encargan piezas, no les importa que sea hombre”.