Navidad

Luego de la Noche Buena, hay muchas cosas que nos mueven a una reflexión, y que tienen que ver con una convivencia acorde a lo que merecemos los tamaulipecos: un sentido de solidaridad único que nos debería caracterizar, para dejar a un lado las actitudes pesimistas y egoístas que vivimos todos los días.

El amor de Jesús y la doctrina católica nos debiera mover a ser menos egoístas y pensar un poco en los muchos miles de personas que viven y conviven con nosotros. Dejar un automóvil pasar, no apañar las banquetas del frente de nuestra casa como propias, y evitar pintar de azul para discapacitados, amarillo y mas donde no hay cocheras; que los vecinos entiendan que somos todos los habitantes de la ciudad, y que las autoridades pongan orden, que se fajen y demuestren carácter, que es lo que nos falta urgentemente.

Que los de Cable no nos sigan diciendo que requerimos aparatos especiales, y que Profeco entienda que está para defender a los ciudadanos y no para ser cómplice de esta arbitraria medida que es más ilegal que nada.

Que sus cajeras y trabajadoras entiendan que comen gracias a los clientes, o que los almacenes de autoservicio nos brinden un servicio de calidad.

Que nuestros políticos dejen de ser mártires, dejen de autohomenajearse, y que el partido tricolor entienda que hay mucho qué hacer, y que escondiéndose de los medios no lograrán absolutamente nada; que sus elementos entiendan que son tan mortales como todos y salgan de esa burbuja donde con actitudes estúpidas y banales suponen que son más que todos nosotros.

Que el PRI no nos tome el pelo y nos ofrezca un buen gobierno en todos los niveles y que México deje de padecer una mala administración.

Que nuestros servidores tamaulipecos entiendan que cualquier cosa que pasa no tiene que politizarse y quieran sacar provecho absurdo de ello, sobre todo los que son plurinominales y arribistas, abusivos y demagogos.

Que haya en cada hogar un motivo para entender que debemos ser solidarios con los demás, y apoyar a los nuestros en sus proyectos y metas, para que podamos, entre todos, con ese gran esfuerzo demostrado día a día, levantar la calidad de Victoria y de Tamaulipas, y que por favor, todos tengamos un justo premio al gran esfuerzo.

Que esos funcionarios educativos dejen de comportarse como vulgares porros y ya no abusen de sus posiciones en unidades, facultades o escuelas completas, y que la máxima autoridad los ponga en su sitio para que ya no hagan trafiques ni sigan enriqueciéndose a costa de un grupo político estudiantil que ha dejado más malas imágenes que trabajo. Que ya no lucren con las admisiones en posgrados y otros niveles educativos, y que no regalen títulos a sus incondicionales que no saben la “o” por lo redondo y se jactan de ser maestros… y en algunos casos, doctores.

Es tiempo que procuremos la Navidad como un magnífico regalo y entendamos que hay que trabajar, ser honesto y claro, procurar un buen ingreso familiar y personal en todos sentidos, buscar levantar nuestro nivel moral, cultural, educativo, laboral y social, y dar gracias por lo que tenemos, pero hacer más por merecerlo.

Que nuestras autoridades entiendan cuales son nuestras necesidades y dejen de gastar en superficialidades, y que se resuelvan los problemas que vivimos a diario.

Que la salud de todos mejore y que los programas sanitarios lleguen a toda la población para que, en conjunto, autoridades y ciudadanos, podamos lograr las metas de una población sana y libre de conflictos sanitarios.

Que la seguridad mejore, que haya paz y tranquilidad.

Que los seres humanos entendamos para qué estamos donde nos encontramos, y que cada uno de los motivos que tuvimos durante la cena de navidad sean prolíficos y ejemplares, para que, al llevarlos a cabo en esta Navidad, podamos crecer como comunidad y como personas.

Que Dios esté en cada uno de nosotros, cualquiera que sea la idea que tengamos de EL.

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