Aprendizaje forzoso

Muchas veces tenemos que aprender los seres humanos en base a golpes, caídas o eventos desafortunados que, en principio, nos ocasionan un severo traspié para posteriormente levantarse con la enseñanza necesaria, que si somos un poco inteligentes aplicaremos en los siguientes tramos de nuestra existencia.
Claro, hay quien cae, tropieza, resbala y no aprende; de todo hay en la vida, y lo ideal es poder aprender de esos momentos difíciles, aunque hay quien piensa que el evitarlos nos favorecería aún más.
No es posible evitar momentos desagradables, y aplica en todo: en el caso de la medicina, por ejemplo, somos tan especiales que hasta que tenemos un serio problema valoramos la importancia de la prevención, de ahí que nuestro sector sanitario erogue importantísimas e insultantes cantidades de dinero para aliviar lo que hemos desarreglado en base a una falta de cuidados y más.
Tan fácil que es prevenir las cosas en materia de salud, y un claro ejemplo lo tenemos con el famosísimo esquema nacional de vacunación que a través de los años, y en forma por demás callada, ha significado la diferencia en un pueblo que ya no muere por esos padecimientos tan singulares que ocasionaban millones de decesos antaño. Hoy, la poliomielitis y otras enfermedades son conjuradas gracias a una adecuada prevención.
Hay que imaginar si todos tuviéramos la conciencia necesaria para evitar factores de riesgo que nos lleven a sobrepeso y obesidad: habría muchísimos menos casos de hipertensión y obesidad, sin duda alguna.
Pero el caso de la salud es uno entre tantos. Cuando prevenimos problemas fiscales evitamos multas y recargos, como debió suceder en los trámites –inmorales, desde nuestra óptica- que se hacen a través de las autoridades por el hecho de tener un vehículo,, calificando de “lujo” los que cuestan más de 200 mil pesos, sin entender la necesidad que pudiera uno tener de ellos.
El caso es que hay que prevenir, y en ese sentido, entendemos que Victoria y sus hijos hemos tenido una fuerte lección que no se daba desde los tiempos del inolvidable Américo Villarreal Guerra, uno de los grandes mandatarios que ha tenido la entidad, y que propuso y construyó –metafóricamente- el acueducto de la Presa “Vicente Guerrero”, para aliviar esos momentos de estiaje que vivíamos cotidianamente, y que hoy se producen tras eventos extraordinarios como el sucedido días atrás con el incidente que dejó a Victoria prácticamente sin agua.
Hemos recordado que hay que cuidar el líquido, y algunas personas han entendido –no muchas, desgraciadamente- que el agua no se puede fabricar, y que hay sectores donde o es posible llevarla por gravedad, porque la física se impone a los caprichos de pseudo líderes que incursionaron en esa actividad, lucrando y vendiendo lotes a gente a la que prometieron servicios donde no es posible.
Claro, en su momento faltó carácter a la autoridad para enfrentar estos problemas y negar permisos a quienes viven hoy en sitios inhóspitos.
Pero es el deseo de todos el haber aprendido la lección del cuidado del agua y tratar de cuidarla; el organismo encargado de suministrarla deberá tener lo necesario para garantizar su distribución completa y equitativa, y nosotros, como usuarios, aprender a cuidarla en su máxima expresión.
No derrochar el líquido, no desperdiciar, aprender a bañarse bien y con poco agua, utilizar lo necesario y esas cosas resultarán fundamentales en el futuro, porque la segunda etapa del acueducto está en “veremos”, es decir, no se ha autorizado su construcción, lo que habla de que, si hay más incremento demográfico, seguramente habrá problemas de abasto.
Aprender a usar el agua, aprender a exigir y aprender a cumplir: todos tenemos una misión en esto de agua y alcantarillado.
Ojalá todas las partes asumamos nuestro rol, y entendamos que, si no lo hacemos juntos, nunca podrá haber buenos resultados.
Es fundamental esa colaboración, con el agua, y con todo lo que nos rodea y nos hace ser una sociedad.