Quien tiene que manejar para trabajar trasladarse para ver amigos, estudiar o algo por el estilo sabe que no decimos mentiras, y que cuando uno se enfrasca en la aventura de tomar el volante, literalmente “se la juega”, es decir, tenemos muchos riesgos que hay que enfrentar en aras de llegar sanos y salvos a nuestro destino.
Llama poderosamente la atención que quienes viven de manejar sean los más atrabancados e inconscientes en las vías: los peseros y taxistas que, pareciera que son totales desconocedores de un reglamento obsoleto y que no se cumple, no tienen idea de lo que implica un apego a la ley, como fuera el ideal de todos los ciudadanos en todos los rubros.
En ese sentido, vemos conductores de transporte público colectivo –peseras, para entenderlo coloquialmente- que no respetan una doble o triple fila, que no traen luces ni focos en sus direccionales, luces de alto y menos para la noche, cuando nos encandilan con sus luces altas o de Xenón, que son esas medio azules que calan hasta la nuca.
No respetan los límites de velocidad, se cierran donde quieren y circulan por carril izquierdo, cuando el reglamento indica que en baja velocidad hay que circular a la derecha, y que los transportes de pasajeros no deben conducir a alta velocidad, es decir, deben conducir a la derecha.
Los taxistas tienen una idea equivocada de lo que es la ley: en primera instancia, se posesionan de nuestras plazas y salidas de centros comerciales, hospitalarios y oficinas pensando que son los únicos que viven por manejar, como si los que asistimos a estos sitios no lo hiciéramos por necesidad.
Primera arbitrariedad el sentirse dueños de calles, banquetas y más, centros comerciales donde toman los mejores lugares, y no conformes con ello, se paran en la puerta violando toda ley existente.
No respetan límites de velocidad y manejan a vuelta de rueda por la izquierda, igual que los peseros.
Pero lo grave es que ni ellos, que viven de manejar, ni los que tenemos un vehículo entendemos que por ley debemos tener un seguro para garantizar el pago de daños a terceros en caso de accidente. Es la ley, es obligado, y hace muchos años existe, pero hacemos mutis, nos desentendemos de la obligatoriedad de hacerlo y circulamos violando los ordenamientos legales y exponiendo el patrimonio de los demás en forma por demás irracional.
¿Dónde está la autoridad que haga valer la ley?
Si bien es cierto que fustigamos los abusos de uniformados que, amparados en una placa o sus armas no respetan carriles, velocidad o semáforos, también somos de la idea de que tenemos que exigir a la autoridad municipal, estatal y federal el cumplimiento estricto de las leyes de toda índole. En este caso, hemos de exigir que se castigue severamente a quien no cuente con un seguro como marca la ley, y quien no lo quiera o pueda pagar, que no maneje, porque no podemos presentar como pretexto el que no se tengan recursos para cumplir: Claro debe ser: si no puede uno enfrentar las obligaciones, no puede manejar.
Pero, para que podamos pararnos de frente a la autoridad municipal o de otro nivel, es menester cumplir con lo que marca la referida ley y las que competen: habrá que tener licencia al corriente, pago de derechos vehiculares al día, placas, al día, y todo lo que significa obligaciones ciudadanas para la autoridad.
Entonces, tendremos la calidad moral de exigir al alcalde y sus subordinados que cumplan al pie de la letra.
No podemos o no debemos ser críticos si somos laxos en el cumplimiento de las leyes. No es prudente ni congruente hacerlo.
Y el respeto a las leyes, en este caso, a traer seguro obligatorio por reglamento, es importante.
Pero, si tiene usted placas viejas, o de esas centrales “pseudo campesinas” que amparan vivir en la ilegalidad, si no trae placas o maneja un automóvil “chocolate”, mejor guarde sus quejas a la autoridad para otra ocasión.
Si no se cumple, no se exige: claro como el agua.
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