Somos los que nos dedicamos a esta profesión un poco atípicos: no creemos en muchas cosas, criticamos por una falsa convicción y, a veces, sentimos que el mundo es poco para nosotros, pero quienes tenemos sentido humano aún en el espíritu, pensamos que ser periodista es mucho más que eso.
Y cabe lo anterior para recordar que con motivo de celebrar el día del periodista, este lunes 4 de enero se llevará a cabo una ceremonia religiosa que ya está siendo tradición y encabeza nuestro amigo el Obispo de la Diócesis de Victoria, Antonio González Sánchez, a partir de las 11 horas en la Iglesia Catedral del Sagrado Corazón de Jesús.
Seguramente, tendremos oportunidad de saluda a muchos colegas que poco vemos pero mucho apreciamos, y que significan la compañía de profesión que mantenemos en forma cotidiana; algunos, no tanto, pero que están en nuestros afectos, atención y algunos, en nuestra admiración. Todos, en nuestro respeto profundo por ser, antes que periodistas, seres humanos con todo lo que uno puede compartir con los demás.
Es el periodismo la actividad de informar cada cierto espacio de tiempo según Antonio López de Suazuo Algar, y para otros, hay definiciones diversas.
El Cuarto poder le llaman algunos, por la trascendencia que pueden tener algunos comentarios o informes presentados a la sociedad, a la opinión pública, en aras de despertar conciencias o procurar sacar a flote la verdad que, en ese momento, pensamos que es universal, aunque a veces es más personal que genérica.
Pero somos los periodistas una especie que tiene sus detalles especiales, y que pretendemos alcanzar el estatus de comunicadores, de formadores de opinión, aunque hay que reconocer que muchas veces nos quedamos en el camino de la intención y podemos llegar a desvirtuar una realidad, enfocada en una óptica manipulada por nuestros sentimientos, intereses o algo más.
Somos tan humanos como cualquier otra persona de cualquiera otra profesión. No somos divinos ni perfectos, ni dioses ni pitonisos: somos los que por convicción, por formación o por profesión tenemos la misión de informar, de procurar la base del dato para que los demás se formen una opinión, y hoy en día tenemos un más grande compromiso ante el embate de las redes sociales, donde la ciudadanía, a veces irreverente, a veces clara, nos muestra su real y auténtico punto de vista que tenemos que valorar en su justa dimensión y entender, porque, finalmente, si no existieran ellos, los consumidores de información generada por nosotros, los periodistas no existiéramos.
Y en ese festejo dedicado a los que hacemos periodismo –recuérdese que hay otro festejo que se creó para adular a los medios y sus empresarios, llamado “día de la libertad de prensa”- es justo recordar a los colegas que se nos han adelantado en el viaje eterno, y que hoy son ejemplo para algunos de nosotros, o forman parte de esos recuerdos de gente importante y valiosa que ha dejado huella en nuestra existencia.
El homenaje a todos esos periodistas que, en cumplimiento de su deber –literal y auténtico- han dejado de existir, víctimas de manos cobardes que callan las voces existentes, y el testimonio para cada uno de los que hemos decidido incursionar y seguir en tan noble profesión que, pese a todo, sigue vigente en una sociedad tan castigada como la mexicana.
Es pues, el 4 de enero, uno de los grandes pretextos que la vida nos proporciona para rendir homenaje a los periodistas que tratan de que sepamos lo que acontece, que nos informan y no se doblegan ante la adversidad que hoy vivimos en un medio tan especial y tan fácil de denostar.
Pese a muchos, seguimos siendo, los periodistas, un gremio unido, un grupo de profesionistas que sabemos ser solidarios y que, al paso de cualquier administración o temporada, seguimos ahí.
Nosotros sí seguimos firmes, tratando de compartir nuestra información y opinión. Y pasará lo que viene, y esperamos seguir igual.
Un reconocimiento a cada periodista, en su día de este 2016.
Día del Periodista
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