A veces encontramos aspectos que queremos tratar en nuestra colaboración y que no tienen nada de positivos, como el hecho de ayer, cuando decíamos de la gente que vive en el “17” y que se siente dueña de su casa, su banqueta, su calle y su ciudad, sin importar, en un espíritu totalmente egoísta, lo que tengamos los demás.
No es el espíritu del “Grinch”, pero hay cosas que se deben atender con equidad, energía y en estricto apego a la ley.
El columnista visito ayer la torre Bicenternario por necesidad de trámites, encontrando que en el frente de la misma hay dos letreros muy grandes que avisan que está prohibido estacionarse ahí. Hay un sitio para discapacitados que no es suficiente, pero lo hay.
El asunto es que, en la banqueta donde se prohíbe estacionarse, hay ahora una serie de taxis –autos de alquiler- que prestan sus servicios, muy valiosos, pero que infringen la ley de tránsito y son solapados por no sabemos quién, pero que están mal ubicados.
No pasa nada si alguien sale de la torre y camina 50 o 60 metros hacia el estacionamiento, donde se les puede otorgar un cajón especial, pero los taxistas, amparados en la impunidad de la CTM, se estacionan fuera de donde quieren, secuestran las calles y banquetas a su antojo y solamente ponen: “·exclusivo Taxis”, como sucede frente a los hospitales Civil, Infantil, General, IMSS, ISSSTE y en centros comerciales, plazas y todo sitio público.
El columnista se pregunta si no es el mismo derecho de estos automovilistas que se alquilan para prestar un servicio que el de nosotros, que utilizamos el vehículo para cumplir con nuestro trabajo.
Finalmente, si fuéramos justos, debieran desaparecer los cajones exclusivos de funcionarios, comerciantes y taxistas, porque ahora no podemos estacionarnos los ciudadanos que no gozamos de este tipo de fueros. Hoy se nos dificulta y tenemos que tragarnos la prepotencia de los taxistas o de los elementos de seguridad que se paran donde sea y a la hora que sea, violando todo reglamento y norma de convivencia social.
Da pena ajena ver a estos tipos estacionados frente a los edificios públicos, que argumentan que el taxi es su modus vivendi, a lo que repetimos que, si nosotros tenemos que trasladarnos para trabajar, es el mismo derecho que tenemos los ciudadanos, o que deberíamos de tener.
Este tipo de asuntos son los que hacen que la ciudadanía pierda la fe en las autoridades y se encuentre con acciones de resistencia y desobediencia, porque ya estamos cansados de un absurdo influyentismo abusivo y agresivo, de un grupo de cetemistas que en sus taxis secuestran las calles, o de un grupo de elementos de seguridad que con toda tranquilidad omiten luces rojas, se paran donde quiera y hacen y deshacen amparados en sus grandes armas, y en que si alguien les dice algo, son capaces de detenerlo, cachetearlo, revisarlo y hasta encarcelarlo.
¿Es eso justo?
Los taxistas son tan mexicanos como todos, y debiera la autoridad hablar enérgicamente con los líderes de estos grupos para hacerles ver que la ley debe de respetarse.
Es increíble, cuando vemos una camioneta con cualquier logo oficial o comercial que hace de las suyas: pensamos inmediatamente en la prepotente forma que ha de existir en toda la dependencia o instancia, y suponemos que sus jefes han de ser igual de abusivos. (que por lo general, sí lo son).
No nos dejan nada a los ciudadanos.
Es donde el candidato debe trabajar muy fuerte: en hacer respetar todas las leyes, fomentar su cumplimiento y viva y sana convivencia, para que todos podamos disfrutar del Tamaulipas que merecemos y queremos para nuestros hijos, sin abusivos, sin prepotentes, sin esos nefastos que secuestran nuestros espacios públicos, que son, finalmente, de todos nosotros.
Donde está la equidad vial?
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