Domingo singular

En la víspera de un pronunciamiento político conocido como “destape”, que marcará el rumbo de los acontecimientos futuros y nos vislumbrará qué será el futuro en seis años más, el domingo se antoja para establecer lo que hemos dejado a un lado por mucho tiempo y que debemos atender por sobre todas las cosas.
Nos preguntamos en ocasiones si los hijos y familiares cercanos tienen la facilidad para meterse en líos, y sobre todo, criticamos la forma en que se conducen porque hoy en día pareciera que tuvieran más experiencia que sus padres, o eso quieren hacer notar, con actitudes a veces displicentes , y otras veces, soberbias, como si supieran todo lo que hay en el mundo.
En una ocasión un individuo dijo a su hijo: “sabes más que yo de smartphones y su manejo, pero no me humilles, que yo te enseñé a mover tu primer mouse”, en alusión a que lo que saben ellos tiene un origen, y éste viene desde las vocales, el primer paso y los primeros trazos con las manos o primeras expresiones, que seguramente, muchos de ellos aprendieron en el hogar.
No quiere decir que todos hayamos sido tan buenos padres, porque nos hemos escudado en las guarderías, centros de desarrollo infantil y más, para encargar a nuestros hijos desde los primeros meses de vida, y ahora salimos con que no nos entienden o que no tienen una comunicación contínua con sus padres; ¿qué queríamos, si los vemos una vez a la semana, embobados con el trabajo y otras cosas?
La convivencia familiar debe llevarse a cabo desde que nos casamos, y reforzarse con la llegada de los hijos, porque finalmente, ellos serán parte del reflejo que demos a sus personalidades, y si no les permitimos aprender y equivocarse, con una mano que les apoye y les pueda orientar o motivar a que encuentren soluciones, estamos mal, y las consecuencias las vemos venir: muchachos que abusan del alcohol y algunos de drogas, que no tienen conciencia de lo que es la comunicación familiar, o que no tiene idea de lo que es el respeto a los demás, argumentando una absurda libertad para hacer, decir y escribir lo que quieran.
No es por ahí por donde va la cosa, porque ellos, los hijos, siempre tendrán en los padres un buen apoyo y refuerzo, aunque existamos uno que otro que no mereciera el calificativo de “padre2, entendiendo por tal el ser hombre o mujer, sin feminismos ni actitudes misóginas o absurdas: padre, los dos.
Ser padre es entender que tenemos una responsabilidad que hay que ejercer con libertad y dando libertad a ellos, los hijos, los que deben aprender un poco de nosotros, y de sus experiencias personales, para crecer en todos sentidos con una actitud propia y positiva.
No podemos evitar que se caigan de vez en cuando, que tropiecen, pero sí podemos hacerles ver que estamos ahí, para ayudarles a levantarse y ser ese apoyo que a veces nadie más quiere o puede otorgar.
Es entonces este domingo un buen pretexto para salir a convivir con ellos: caminar, correr, hacer ejercicio o ir a desayunar o comer; podemos llevar a cabo cualquiera de esas acciones que nos permiten conocerlos y que nos conozcan un poco más, que nos permitan acercarnos y respetar su vida e individualidad, enseñando en cada ocasión lo que es el respeto a sí mismos y a los demás.
No dejar que abusen y falten al respeto a la vida, su propia vida, porque quien saldrá perjudicado son ellos mismos, y eso no lo debemos permitir, ya que, finalmente, son responsabilidad nuestra hasta cierto punto: hay uno en el que deben aprender a volar o andar solos.
Y es ahí donde el Creador hace milagros atribuyéndonos a muchos la maravillosa felicidad de ser padre, de experimentar todo este tipo de emociones, que se refuerzan a cada momento cuando escuchamos de sus labios salir una frase mágica: “te quiero, papito”.
Aprovechemos para estar con ellos, y entregarles mucho amor en cada ocasión, que no sabemos cuanto tiempo estaremos con ellos así de cerca.