En medio de una polémica que puede no terminar bien para Tamaulipas -en el plano nacional- y para los tamaulipecos en el plano interno, la disputa sobre las elecciones en el estado está alcanzando niveles no deseables.
La petición de los ‘azules’ -de Acción Nacional- para descalificar la acción del instituto Electoral de Tamaulipas (IETAM) cuando considera parcialidad en sus determinaciones, hace que los votantes desconfíen.
Tiene mucha razón el matamorense, Rafael González Benavides, dirigente del PRI Tamaulipas, cuando afirma que tal actitud pudiera repercutir en el ausentismo a las urnas el próximo 5 de junio y por lo tanto el abstencionismo de los electores sería perjudicial en la elección del próximo gobernador, legisladores y alcaldes.
Pero en medio de este maremágnum de opiniones y sin sabores, vale hacer un paréntesis para repetir una pregunta que ha motivado pláticas y hasta discusiones sobre el gentilicio, de los nacidos en la Ciudad de México.
A partir del 21 de enero pasado, cuando la Cd. de México adquiere la categoría de entidad, ¿Cuál es el gentilicio que se aplica?
De plano ‘defeños’ no, porque desapareció el Distrito Federal.
‘Capitalino’ tampoco, porque en el país, como en otras naciones, quien haya nacido en una capital e incluso viva ahí, es capitalino.
Muchas personas se han inclinado por ‘chilango’, pese a que apenas en 1954, el primero lexicógrafo que la registra es Alfred Bruce Gaarder, en su obra El Habla Popular y la Conciencia Colectiva.
La palabra ‘chilango’, Francisco J. Santamaría la define en 1959 en su diccionario de mexicanismos, como una “variante de shilango, usada en Veracruz”, palabra que proviene “Del maya xilaan, que significa pelo revuelto o encrespado”; también dice la misma fuente que es el “apodo o sobre nombre popular que en Veracruz se da al habitante del interior, en especial al de México.
Dice el ‘tumba-burros cibernético’ que Juan M. Lope Blanch, en El Léxico Indígena de México, en 1969, acepta el origen maya de chilango y su carácter peyorativo, incluyéndolo en una lista de indigenismos que “forman parte del vocabulario vivo de la Ciudad de México”.
César Corzo Espinosa lo registra en Chiapas en 1978 como nahuatlismo, del término chil-lan-co (“en donde están los colorados”), conociéndose con este apodo a los habitantes de la Ciudad de México, aludiendo al color de su piel, enrojecida por el frío, que se aplicaba a los aztecas por los nahuas del Golfo de México”, justificando también que se llame “guachinangos” a los habitantes del Altiplano, en alusión del ‘pez rojo’, especie de pargo colorado, como los cachetes de los arribeños”.
Una acepción popular más, dice que Chilango se refiere al que ‘come mucho chile’. La propuesta de la comisión legislativa dice que el gentilicio puede ser “Mexiqueño”, sugerido por el Diccionario de la Real Lengua Española RAE, en su edición de 2014.
Una duda más: ¿Cuál es la capital del país?
Más sobre la Cd. de México. Una veintena de periodistas y críticos políticos del otrora D. F., están sancionando algunos tópicos sobre la constitución política de esta nueva entidad, por ejemplo lo relacionado a la integración del grupo de redactores que unos se supone tendrán salario y otros tendrán la categoría de voluntarios.
Además, el presupuesto de más de 10 millones de pesos que el Gobierno de Miguel Ángel Mancera destinó para cada uno de los partidos políticos que participan en la redacción, los otros son ‘ciudadanos de a pie’
Luis Pazos fue categórico cuando preguntó ¿para qué una Constitución…para legalizar los endeudamientos del Ejecutivo Local?, ¿como precampaña de Mancera para la elección del 2018?
El profesor universitario fue categórico cuando dijo que los habitantes de la ciudad de México lo que necesitan es empleo, es seguridad, es combatir la corrupción en la burocracia, de la policía, salud, escuelas, educación.
Lea, piense, analice y considérelo.