Muchos, pero muchos años han pasado para que las autoridades de todos los niveles entiendan que la superficie del país es muy grande, y que no es posible tener todo centralizado, para hacer viajar a la gente de otros lares a realizar algún trámite.
De esa forma, nacieron las delegaciones de dependencias federales en los estados y sus principales ciudades, propiciando que la gente pudiera estar al corriente en sus trámites y más, sin tener que esperar la dorada oportunidad de viajar a la capital a hacer lo que debían hacer.
Pero hay quien piensa que lo pasado fue mejor, y denosta los avances tecnológicos, humanos, científicos, académicos, intelectuales y humanos, y se convierten en parte de un gabinete que pese a lo que ha llevado a cabo en aras de mejorar, ha tenido más críticas que aplausos, por la cerrazón de su gente o por lo negligente de los que ahí colaboran.
Un claro ejemplo es el portal que ha instrumentado el gobierno federal, donde se conjuntan las dependencias federales, todas ellas, en un solo recurso informático que, por obvias razones, siempre está saturado y es lento de abordar, mucho más para hacer trámites.
La negligencia personificada en pseudo-eficientes burócratas que cobran como si realmente trabajaran, ha provocado el congestionamiento de solicitudes y datos, aunque en algunas dependencias todavía conservan sus portales que, por cierto, sirven para dos cosas…
Se olvidan los “genios” que nosotros NO trabajamos ahí, y se empeñan en complicar los trámites para un ciudadano común y corriente, pensando que tenemos en mente todos sus conceptos técnicos o internos, como si fuéramos parte de su fuerza laboral.
Se olvidan que no somos burócratas, pues.
Y nos complican cualquier trámite, primero, porque nos remiten a un conmutador contestado por un robot que no tiene criterio ni nada, y no sabe lo que deseamos: se alimenta por un cuestionario hecho por alguien que nunca ha sido usuario, y no da opción a ser atendido por un “servidor” público.
Si usted quiere sacar una cita, por ejemplo, en Relaciones Exteriores, para renovar pasaporte, hay que pasar un viacrucis telefónico; si por el contrario, quiere saber algo del INFONAVIT, prepárese para batallar con opciones ilógicas y nada congruentes, que alguien elaboró en base a sus intereses o estadísticas que nada tienen que ver con la calidad.
Los portales de los tres niveles de gobierno nos ofrecen muchas alternativas, pero falta la parte humana, la insustituible mente humana que se echa de menos ante la invasión tecnológica y burocrática.
Así que, si usted tiene algún requerimiento oficial, prepárese, en primera instancia, para marcar la opción 1, luego la 3, la 5, la 2, la 3, y si tiene dudas, marque * o el signo de #; en caso contrario, espere a que le pasen con un cuestionario automático que le lleva a responder preguntas inútiles, o de plano, quédese con las ganas de arreglar cualquier cosa, porque la atención está negada en nuestros días.
El gobierno se vanagloria de tener sistemas modernos, pero no saben emplearlos, no saben para qué son, y no tienen idea de lo que es servir o atender a sus semejantes. Probado está lo anterior.
Los grandes avances… mucho presumimos de ellos y de contar con red de Internet en todo momento, pero nos hemos olvidado del aspecto humano, el cálido carácter del ser humano que nos orientaba y nos decía a donde y con quien ir, para hacer qué o como lograrlo.
Todo se ha cambiado por clones, robots, grabadoras y más, que nada tienen que aportar a una sociedad que se pierde cada día más, principalmente en México, donde la exaltación mayoritaria de ineptitudes proviene de nuestras autoridades.