¿Y dónde está el Presidente?

La inversión de más de 40 millones de pesos que se realizó en el edificio de la presidencia municipal de Altamira, permitió darle un nuevo rostro a las oficinas y mejores condiciones de trabajo para algunos cuantos, pero sobre todo, crear toda una fortaleza para evitar que cualquier ciudadano llegara a las oficinas de su alcalde.
Así es, Armando López Flores, endeudó al municipio con más de 40 millones de pesos que serán descontados de las participaciones federales para realizar esta obra que es disfrutada por la mayor parte de los trabajadores que desempeñan alguna actividad en el edificio situado frente a la plaza principal de Altamira.
Le digo que de los trabajadores, porque para empezar, el ciudadano común que entra a este edificio moderno, lujoso, pero además bien vigilado, sólo ingresa para hacer los pagos a sus contribuciones, multas o servicios, a batallar y recibir negativas, hasta recibe malas caras de los que ahí se supone, deberían de atender a la población.
Para muestra basta un botón, el edificio remodelado para servicio a la ciudadanía tiene en la puerta principal, dos guardias y una dama, presumiblemente recepcionistas en un escritorio, ese es el primer filtro para saber, ¿Quién es?, ¿A dónde va?, ¿Qué va hacer?, ¿si lo conocen o no?, ¿si tiene audiencia pactada? y después de haberle preguntado hasta lo que no, lo dejan pasar, no sin antes solicitarle una identificación para poder darle el acceso.
Subrayo, un edificio público construido con recursos públicos, de los impuestos de los ciudadanos, al que pocos tienen acceso a caminar por los pasillos, principales rumbo a la oficina del ciudadano presidente Municipal, ese, el mismo que prometió un gobierno de puertas abiertas, hoy tiene un guardia de seguridad en la entrada, que le cuestiona por segunda vez: ¿A dónde? y ¿con quién va? ¿Tiene audiencia?
Al entrar a las oficinas de quien prometió un gobierno cercano a la gente, dos secretarias que solo saben dar evasivas, sin dar mayor importancia a quien solicita información sobre el Presidente Municipal, muchos menos de su hora o día de llegada a sus oficinas.
Así es Altamira y un presidente que ha dejado mucho que desear, un alcalde que invirtió el recurso de su pueblo, en una gran obra que solo sirve para aislarse de la gente, que lo mantiene blindado y alejado de las necesidades de la ciudadanía, de audiencia y hasta de atención a quienes algunas vez creyeron él.
El puerto de Altamira tiene lo que merece, dicen sus habitantes que no dan crédito a las prolongadas ausencias del Presidente Municipal, el mismo que ahora trata de impulsar las aspiraciones de una mujer de bien, como Griselda Carrillo Reyes que lo mejor que debería hacer es mantenerse alejada del mismo.
La agenda privada del presidente, provoca una y otra vez la pregunta del ciudadano común ¿y dónde está el presidente? Porque ni en las colonias, ni en las oficinas lo encuentran, menos en las dependencias federales haciendo gestiones para atender las demandas de la población que día a día espera en la plaza pública parales ver entrar a quien alguna vez prometió resolver sus problemas.
La esperanza mantiene viva la ilusión de quienes acuden a diario a las oficinas de la presidencia municipal para ser atendidos, de ver y tener derecho de entrar, caminar libre y tranquilamente por cada uno de los pasillos del gran edificio que se construyó con recursos públicos.
Como única respuesta a las constantes salidas del presidente municipal en horas de oficina, dicen sus secretarias, está atendiendo audiencia privada, sin embargo, tampoco saben explicar a qué hora regresa o si de plano se tomará el resto del día para su agenda personal que según parece, esto es cada vez más frecuente.