Baja a profesores

La noticia causó revuelo inicialmente, aunque al parecer se está entendiendo cual es el sentido de la respuesta recibida. La Secretaría de Educación Pública anunció la baja del sistema educativo para los profesores que no tienen acreditada su evaluación, esa que protestaron muchos maestros de una Coordinadora de Educación que se opuso terminantemente a permitir que sus agremiados validaran si realmente tienen conocimientos docentes.
Por los maestros hay que tener un profundo respeto en todos sentidos: recordemos que anteriormente los religiosos y docentes eran las autoridades validadas por la comunidad en nuestras sociedades rurales, provincia e inclusive en ciudades grandes: se les consideraba baluartes de la honestidad, formadores cultos, ejemplos a seguir y muchas virtudes que algunos malos maestros se encargaron de destruir parcialmente.
Hemos de reconocer que hay profesores ejemplares, dignos de que se les rinda un homenaje perene y se de a conocer su trayectoria para que sea ejemplo hacia muchos que tienen torcidos los principios y valores sociales y morales.
Es el profesor un hombre decente y afortunado, porque en sus manos está la formación de la comunidad a la que se debe profesionalmente y por la que trabaja.
Pero el hecho de no ser profesor con vocación ha arruinado la reputación de un gremio que, desde antes de Elba Esther Gordillo permitió que vividores del sistema se posesionaran del mismo, y se convirtieran en un sinónimo de corrupción, anti profesionalismo y pocos valores buenos, y sí, muchos muy negativos.
Hemos de reconocer que como en todo sector, hay buenos y malos, y afortunadamente son más los buenos que los otros, y en ellos hay que confiar para soportar la formación de nuestros niños y jóvenes, porque serán ellos los copartícipes de su carácter, educación y virtual éxito futuro.
Los que no alcanzaron a registrarse y hacer su evaluación son los menos, y que tuvieron miedo a ser descubiertos en su incursión advenediza al magisterio: no quisieron ser evaluados para que no se conociera su compra de plaza sin merecerlo, o su falta de conocimiento, acción que denigra a un gremio respetable, y que merece que sus elementos nocivos sean expulsados para siempre.
Los buenos, los que no alcanzaron una evaluación aceptable, tendrán según la normativa oficial, dos oportunidades más para hacerlo, y tiempo para prepararse adecuadamente.
Es muy loable el hecho de seguir insistiendo con preparación en todos sentidos, y esos maestros merecen aparte de esas oportunidades, una más para prepararse bien, ya que el resultado de ello se verá reflejado en pequeños y jóvenes, en lo que se supone es el futuro de nuestro país.
Y así como se ha sido exigente con los profesores, debería haber leyes que propicien la certificación y recertificación de todos los profesionales, como existen, por ejemplo, los colegios de abogados, de contadores y de otras profesiones, para que se constate que los que ejercen tienen la capacidad para hacerlo.
Sería dignificante para todas las actividades del hombre, y nos daría mayor confianza a los que requerimos servicios de alguno de ellos.
En ese sentido, podría establecerse la revalidación de la cédula profesional, por términos que pueden oscilar entre los 2 a 5 años, y que quien no tenga la actualización necesaria deba dejar de ejercer, todo, en bien de la sociedad y de los que la componemos.
Imagine el lector si lográramos que todos nos certifiquemos cada lustro: habría mejores resultados, más honestidad a la hora de ser contratados, y sobre todo, un mucho mejor y más grande desarrollo social para este México que exige honestidad, cumplimiento, profesionalismo y una gran responsabilidad de cada uno de sus hijos.