Victoria, desierta

Impresionante la mañana de este viernes en la ciudad: las escuelas con un porcentaje inferior en todos sentidos ante las amenazas que se dejaron ver en Internet y en diversos foros, a través de motivos distintos.
El caso es que, por seguridad, la gran mayoría de padres de estudiantes de todo nivel decidimos no enviar a nuestros hijos a la escuela, eso, pese a la estúpida incomprensión de una escuela privada que no entiende que antes que la educación y la formación académica está el bienestar social y personal, la integridad física y moral de nuestros tamaulipecos en todo orden.
Amenazas a colegios y centros comerciales se vieron este jueves, provocando calles desiertas en todo momento, negocios cerrados y como dijimos antes, escuelas prácticamente vacías.
Contrasta una nota atribuida a las autoridades en el sentido de que hay menos incidentes, menos inseguridad y menos angustia, pese a que la percepción de la ciudadanía es otra en todos sentidos.
Los cafés estuvieron también desiertos: la gente que trabaja y ha logrado una posición estable –aunque no tan cómoda- tiene miedo de salir y ser objeto de algún evento de inseguridad.
En ese sentido, ofenden las declaraciones que vienen de la ciudad de México por parte de autoridades federales denostando el clima que vivimos los que habitamos y sobrevivimos en este punto de la geografía nacional.
Algunos piensan que la intervención de la autoridad nacional debería ser por consecuencia y no esperar a que haya solicitudes o convenios, porque finalmente los mexicanos tenemos órganos de seguridad y vigilancia que son pagados por todos nosotros, y su principal misión es garantizar la tranquilidad de los mexicanos, incluyendo a TODOS los que habitamos en suelo azteca, sea cual sea el destino final.
Sugieren algunos enterados no entrar en pánico como sucede en algunos casos de siniestros , como terremotos, huracanes y demás, sino conservar la calma: desarrollar un sentido de la observación muy agudo que nos permita establecer diferencias entre sitios seguros e inseguros y, por supuesto, tomar todas las medidas adecuadas.
Muy importante resulta estar en contacto con los nuestros en todo momento sin que sea lo anterior una medida absorbente, pero sí cuidadosa.
Victoria fue considerada una ciudad limpia, ciudad amable; hoy, no es limpia porque lo acabamos de constatar con los ríos de basura producto de la inconsciente acción ciudadana cotidiana que propició inundaciones a más no poder, y amable, tampoco, porque, por un lado, los prestadores de servicios se empeñan en ser déspotas y malos para atender, y por otro, nuestra gente se ha vuelto desconfiada: sus calles son inseguras y riesgosas.
No merecemos esto.
Queremos vivir tranquilos, dedicándonos, cada quien, a lo que sabe o puede hacer, o para lo que ha sido contratado.
Y en ese sentido, hacemos el llamado a la autoridad para que nos escuche y si no puede, que hablen a la ciudad de México –LADA 55, por si lo olvidaron- y pidan el refuerzo necesario para que nuestros hijos no crezcan con una mentalidad de riesgo, de peligro… de muerte.
Y todos los grupos debemos estar apoyándonos entre nosotros, para evitar que haya noticias desagradables.
Por favor, tomemos medidas, al manejar, al salir a la calle, y en todo momento. Nunca es poca la medida de precaución en todos sentidos. Así, se conjura el peligro de incendios, choques, derrumbes, muertes, asaltos y más, porque la prevención es lo primero que debemos inculcar a nuestros hijos.
Por amor de Dios, hagamos algo y que seamos escuchados!

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