Oídos sordos

Suels suceder en tiempos electorales: los candidatos abren un perfil en Facebook, donde engalanan con fotografías en las que sonrientes se muestran a los decenas, cientos o miles de visitantes, esperando que todos le den “like” a su página, es decir, manifestar que les gusta, aunque no sea cierto.
Esos son los candidatos hoy en día, que pretenden creer que por registrar a un número considerable de personas que han manifestado el gusto por la página se convierten estadísticamente en seguidores, aunque sea únicamente de palabra, porque la verdad es que muchos siguen la información, mas no a los políticos, que están muy devaluados en cuanto a imagen social en los últimos meses y días.
Y sucede con quienes ya están prácticamente amarrados a ser candidatos por parte de sus partidos políticos, tanto para gobernador, alcalde o diputado, y preparan una estrategia en aras de convencer para ganar, aunque no debemos dejar a un lado las intenciones de partidos pequeños y sin representativas que postulan a cualquiera con tal de obtener los votos necesarios que les permitan seguir viviendo del presupuesto que a usted y a mí nos cuesta.
Ellos son los que preparan sus estrategias, y entre los mencionados existen algunos que toman en serio su función y misión, y hacen cuanto les es posible por sumar. Otros, sin embargo, amparados en su parentesco o influente recomendación echan las campañas al vuelo, porque saben que habrá recursos para hacerlos ganar.
Sin embargo, muchos más, están ajenos a la ciudadanía, a los periodistas y a su entorno, porque se han rodeado de gente que les nubla el horizonte y evita que se den cuenta de lo que acontece en su entorno, o que quienes desean establecer comunicación con ellos no puedan hacerlo, porque “no son dignos de tal honor”, según algunos mal llamados colaboradores, que no son más que un grupo de entreguistas busca-chambas que a todo dicen que sí, en aras de no perder su “chambita” actual.
Y entre los candidatos encontramos a algunos cuya trayectoria conocemos desde hace años, que existe una amable relación con ellos, pero que, hoy convertidos ya en candidatos, no están disponibles para los “mortales” que osamos buscarlos; no sea que les vayamos a molestar y eso no lo permiten algunos de sus “colaboradores” más cercanos.
Quienes manejan imagen a veces se olvidan que el contacto con la gente es determinante en una campaña política, y no únicamente en los actos que seguramente organizarán, o las caminatas que se han puesto tan de moda, sino en el roce cotidiano con quienes conformamos un gremio que se constituye como una estrategia importante en las campañas: los comunicadores, y no porque seamos gente “bordada a mano” o tan especial, sino porque la naturaleza de nuestra profesión nos permite ser conducto entre la ciudadanía y quien tiene algo que informar para formar opinión, en este caso, la opinión de que tal o cual es el mejor para ocupar ese puesto por el que compite.
Y en Victoria, prácticamente todos nos conocemos, pero algunos de los que se juntan con los candidatos olvidan que nos encontramos en la capital tamaulipeca, donde el trato humano siempre ha sido privilegiado, y olvidan que unos minutos no hacen daño a nadie, y pueden sumar mucho.
Se enfrascan en su grupo pequeño de amigos cercanos y olvidan a los otros elementos que conforman un gremio trascendente.
Es natural, porque piensan que les pueden hacer mucho ruido, o porque volverán a hacer tratos y promesas que nunca cumplirán, como ha sucedido en otros eventos similares.
En ese sentido, el candidato tricolor debe considerar la importancia de no perder la humildad y sencillez que le hemos conocido de toda la vida, y el don de gentes que puede ser extraviado en una mala orientación mediática, porque de repente les llenan la cabeza de humo, y unos –no todos- se la creen, y se vuelven imposibles siquiera de visualizar… mucho más difíciles para poder cruzar palabra alguna.

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