Muy lamentable es en entrar en cualquier ambiente y actividad esa falta de vocación para servir, atender o desempeñar nuestro trabajo en forma adecuada.
Vemos por ejemplo, en un restaurante la forma en que nos llevan la comida sin tortillas o sin salsas, teniendo que esperar muchos minutos para que se complete lo que ordenamos, y por consiguiente, comer prácticamente frío.
Si reclamas, eres un neurótico que no sabe esperar. En lo personal, la comida fría la concebimos como algo desagradable: hay que comerla calientita, como debe de ser.
Y así, en la prestación de servicios, como ha sucedido con las personas que atienden la línea de autobuses tamaulipeca por excelencia y que tenía un magnífico servicio en todos sentidos: Transpaís ha dejado mucho que desear en cuanto a su atención al público, por un exceso de burocratización y burocratismo que contrasta: es tan grande la ineficiencia y conchudez como pequeño es el salario que les pagan a esas pobres personas que tienen que soportar muchas cosas a cambio de migajas.
Pero podría decirse que para eso trabajamos; el atender mal no se justifica con nada. Sostenemos la tesis universal: “si no estás a gusto en tu trabajo, déjalo, renuncia y busca algo en donde te sientas bien y hagas las cosas en forma adecuada”.
Y este fenómeno se ve en los servicios que presta la línea en mención, cuando sus empleados manejan un criterio demasiado estrecho, tal y como sucede en algunas otras líneas de autobuses: piden, por ejemplo, credencial de maestro para aplicar el descuento, y a quienes laboramos en la UAT nos exigen un documento en el que diga lo anterior –maestro- descalificando la credencial oficial porque dice “docente de tiempo completo”; el argumento: “no dice la palabra MAESTRO”. Así de corto es su entendimiento, en serio.
Y nunca tienen cambio de los billetes con que pagamos, no están en su sitio y muchas cosas más. Los empleados desconocen las características de los productos que ofertan, y si tenemos alguna duda, hay que buscar la respuesta en Google, porque en ellos: imposible.
Y cuando vas a buscar un producto te dan gato por liebre: en farmacias locales, al no tener insulina NPH, te ofrecen la tipo R o la ultra rpaída, “que el cabo es insulina como quiera”, rezan las personas que atienden y cuya ignorancia nos puede llevar rápidamente a una tumba.
Ese es el nivel que existe en nuestro comercio “organizado”, y la falta de aplicación de quienes están en los puntos de venta.
¿Qué falta?
Actitud de servicio, querer el trabajo y merecerlo por acciones propias y no porque sentimos que somos los únicos. Hace falta comprometerse con la empresa y que ésta a su vez nos trate como seres humanos y no como máquinas.
Es momento de hacer un alto en el camino y reflexionar acerca de la pésima calidad: criticamos a los del IMSS o el ISSSTE por su pésima atención y tortuguismo, burocratismo y mal servicio, y estamos igual o peor que en un hospital de éstos o en la SEP, donde la falta de atención y contingencia es cosa de todos los días.
No vayamos a otra parte, porque igual, tenemos que llevar las copias para todos los presentes como si fueran bolos bautismales, porque si no, no valdrán.
A punto de iniciar con los días que, prácticamente son obligados de descanso en el país entero, entendemos que falta mucha vocación de servicio, y que es tiempo que utilicemos nuestras habilidades humanas para convencer, para vender o adquirir.
Somos, y seguimos siendo, los seres humanos, la parte medular en esta sociedad. No es la tecnología o los avances en general, sino la actitud que nos falta. Ojalá los empresarios tamaulipecos supieran ponerse la pila y darnos lo que como usuarios que los mantienen, merecemos. Así de claro.