Pariente y La Alhambra

Visitar sitios históricos, que por su belleza trascienden más, es un privilegio que la vida nos otorga a veces una sola ocasión, pero otras nos permite volver para una “revancha”, y lo decimos en esos términos, cuando somos parte de una muy pequeña “sociedad” de gente que se dedica a hacer de nuestro punto de vista la forma en que otros visualizan el mundo: los fotógrafos.
Le conocí como fotógrafo, arquitecto y director del Centro Cultural Tamaulipas. Autor de un libro sobre Composición Fotográfica que, a pesar de tener más de dos décadas de existencia no pasa de moda: 1990 es el año en que la Sociedad Mexicana de Fotógrafos Profesionales lo edita y nos deleita con la técnica y práctica que aplicamos en casi todas las imágenes.
El arte de Daguerre y Niepce, el arte de George Eastman o de Ansel Adams, de Anibal Angulo o de Vicente Guijosa, de Cándido Mayo o de cualquiera de los grandes de la fotografía a nivel mundial, de Hamilton, Adams, Peters o de Paco Mayo, por citar solamente algunos.
Esta semana inicia la aventura de La Alhambra en Ciudad Victoria, gracias a la paciencia con que José Luis Pariente ha dedicado muchas horas de su vida para enaltecer cada toma fotográfica, hoy, retocada y estimulada con la magia de Photo Shop y las delicias de la fotografía y manipulación digital de las imágenes, en una nueva concepción de la fotografía de la que ni el mismo Pariente pensó que sucedería en tan poco tiempo, y que no plasmó en su obra anterior, porque no existían estas maravillas de ahora.
Ventiseis años después de haber dado a luz su obra de composición fotográfica, y dedicado, en parte a la docencia y en otra a la administración pública, el hoy doctor Pariente nos ofrece una colección de imágenes extraídas desde el mismo corazón de La Alhambra, donde una parte de la historia de España se entretejió con traiciones y pasiones, con luchas y concesiones de un mundo que se negaba a ser conquistado, y el nuevo mundo que se propuso conquistar todos los rincones del orbe.
Esta muestra de imágenes bien vale la pena disfrutarla con el tiempo necesario: deleitarnos y “saborear” cada trazo de cada toma, y observar las características técnicas que nos llevan, finalmente, a embriagarnos con esas excelsas imágenes que surgen desde un pequeño aparato electrónico guiado por un dedo índice y el ojo que se traslada desde la misma maravillosa mente creativa de quien hoy es autor de la exposición, y nos permite aprender en cada una de las imágenes que ahí vemos y que conforman una muestra de lo que la tecnología y el ojo humano, cuando se unen y comulgan adecuadamente, pueden formar y conformar para todos nosotros.
José Luis es tamaulipeco por adopción, por tradición y porque así lo quiso él. ve la primera luz en la España de sus antepasados pero con sangre tamaulipeca que se reafirma con su unión conyugal y familiar que abraza a la familia Zorrilla en una nueva línea hereditaria.
Las imágenes que nos ofrece hoy, en la galería del Centro Cultural Tamaulipas constituyen un auténtico regalo a la vista y a los sentidos del alma, porque en cada una el espectador tiene el privilegio de poderse trasladar e imaginar esa parte de historia española que se vivió y gestó en sus patios o paredes, y de cualquier forma que el sol y la noche permiten descubrir a través de la lente fotográfica de José Luis.
Es menester darse tiempo para avizorar en cada una de las fotografías, imágenes u obras de arte –cualquiera es válido- cuán profunda es cada figura existente en la Tierra, y cómo existe alguna persona con la naturaleza y sensibilidad, el ojo armónico y cadencioso que permite balancear lo sublime con lo perfecto, la forma geométrica con la forma de la esencia y el espíritu.
Es una verdadera joya la exposición de La Alhambra que nos regala José Luis Pariente. No deje de asistir, que bien valdrá la pena el tiempo invertido en esta conjunción de arte y estética, de belleza y sutileza, de armonía y color.