Un mixteco muestra su cultura y su danza en las calles

Nuevo Laredo, Tamaulipas.-Cada año, Juan Carlos López, un mixteco de 60 años que aún conserva sus tradiciones y su lengua, tiene que salir de su comunidad, Jilapa, en lo alto de la sierra veracruzana, para buscar el sustento, debido a que de la siembra ya no se vive en su pueblo que colinda con el Estado de Oaxaca.

Vestido con el traje típico de su región, un florido penacho de plumas de avestruz, cada una cotizada hasta en 200 pesos, una capa, taparrabo, y unos cascabeles en cada pierna, danza de manera peligrosa entre los vehículos que cruzan por la avenida Reforma.

En el penacho se aprecia la imagen de la Virgen de Guadalupe, símbolo religioso de su comunidad, razón por la que explica, se le baila durante varios días hasta que llega el 12 de diciembre, en un mosaico sincrético que muestra la combinación entre la cultura prehispánica y la occidental.

“Bailo aquí para la gente, y es por la necesidad, porque ando luchando buenamente aquí. Vengo solo, porque la siembra en mi rancho comienza hasta junio, y por eso ando de pueblo en pueblo a juntar alfo de dinero para sembrar algo en mi tierra”, explica con naturalidad.

El ritmo que sus manos le dan a un tamborcito y su boca a una pequeña flauta de carrizo, se suma al ruidoso y a la vez armonioso sonido de los cascabeles que penden de sus tobillos al momento del baile.
Pese a su edad, viaja solo hacia diferentes lugares de la República, buscando el sustento durante cuatro meses al año, ya que las tierras en esa región no producen lo necesario para que pueda vivir de manera digna.

No es la primera ocasión que viene a Nuevo Laredo, pero ahora se queja de que nadie aprecia la cultura ancestral de aquella región de Veracruz y Oaxaca.

Juan Carlos vive con su esposa y ocho hijos en Jilapa, pero todos se quedaron allá, menos él porque la necesidad es mucha y tiene que conseguir dinero para el sustento de los que se quedaron a preparar la tierra para la siguiente temporada.

“No hay nada. Mire, no me han dado nada”, se queja mientras muestra un pequeño bote vacío que la indiferencia de los automovilistas no se presta a llenar, tal vez porque no saben apreciar la riqueza cultural que Juan Carlos trae desde la Sierra Mazateca hasta estos lugares tan distantes de su comunidad.

Aunque dice que sus tradiciones no se han perdido, a diferencia de otros años, ahora muchos como él, tienen que salir de su comunidad para buscar el sustento que las pobres tierras ya no les ofrecen.

La cultura mixteca en riesgo

“Buscamos el modo para ganar algo de cada día”, reitera en un español medio mocho, debido a que aún conserva la riqueza de su lengua original, la mixteca, la que las nuevas generaciones se niegan a practicar, por lo que la generación de Juan Carlos es el último eslabón cultural e esta rica lengua étnica que se niega a morir, y que ha pervivido a lo largo de 523 años en lo más recóndito de la sierra mazateca, a más de 3 mil metros de altura sobre el nivel del mar.
“Salimos de nuestro pueblo, y solo luego de cuatro meses regresamos porque viene el tiempo de la siembra”, señala.
Sin embargo, dice que el gobierno les ayuda muy poco, ya que para sembrar el maíz, tienen que invertir en fertilizantes, abonos, y en ocasiones herramienta y maquinaria que nadie puede adquirir por su alto costo.
Dice que tienen que pagar por todo, hasta para sembrar la tierra, pero se niega a perder su cultura y su lengua, no así sus hijos y las nuevas generaciones, que se niegan a conservar la cultura de sus ancestros.
“La cultura de nosotros se va perdiendo porque nuestros hijos no la quieren y se niegan a hablar el mixteco”, expresa con cierta melancolía y tristeza, tal vez porque anda solo por estos lugares, y porque se encuentra muy lejos de su comunidad.
Al terminar la entrevista, Juan Carlos se pierde entre los autos, ante la indiferencia de sus conductores, que no se animan a darle unas monedas, pese a que de este hombre fluye con su danza y su vestuario, parte de la historia de nuestro país.