Ya hay fecha para los debates entre candidatos a la gubernatura por Tamaulipas, y sin duda alguna, será un evento mediático en el que muchos centraremos nuestra atención, en aras de decidir si Tamaulipas opta por un camino ya conocido o por lo que algunos llaman alternancia, y que la gente no tiene mucha fe en ello, porque piensa que tendremos los mismos problemas… cobijados por otros colores.
Un locutor conocido en la entidad será quien dirija el acto que tendrá lugar en instalaciones de la Universidad Autónoma de Tamaulipas, preparado y producido por TV-UAT, en un esfuerzo porque todos podamos ser partícipes y tener argumentos –si es que los esgrimen, los tienen o se les ocurren- para inclinar nuestro voto hacia tal o cual preferencia electoral.
En ese sentido, seguramente que algunos están preparando las navajas para irse, como dicen algunos: “a la yugular” sobre temas más personales que de otra índole, y sacarán las descalificaciones que todos ya conocemos y que han sido el tema principal de las precampañas que vivimos ya y que, sinceramente, no han dejado nada positivo.
Como suele suceder en este tipo de acontecimientos, algunos públicos buscan, como en la Roma antigua, ver “sangre”, es decir, el morbo por escuchar qué dice tal de cual, y de qué forma se exhibe la falta de honestidad de uno según los otros. La cantaleta que ya nos tiene hartos a casi todos, y que hemos escuchado y visto durante meses, o años quizá.
No es agradable escuchar esas demostraciones de coraje y odio, y nos manejan la información como si no supiéramos de qué manera se hicieron ricos algunos de ellos, o la manera en que trafican con influencias para favorecer una causa, una familia o una cuenta personal de banco. Todo es una realidad y todos tendrán el morral lleno de acusaciones, porque, a decir verdad, pareciera que no se saben otra.
Ya escucharemos, y es el sentir de la población, las propuestas para un buen gobierno, y nos gustaría, si no es mucho pedir, que dejen a un lado los corajes personales y las ambiciones que en cada slogan, cada frase y evento salen a flote.
En estos tiempos de crisis, violencia y noticias poco gratas, lo menos que queremos escuchar son los insultos y diatribas con que se vestirá seguramente el evento que organizan autoridades electorales y que, a decir verdad, tiene más de interés morboso que ciudadano, y serán dos los debates que la ley electoral marca, así que, a prepararnos para escuchar qué nos pueden y quieren decir cada uno de los que pretenden gobernar.
Seguramente escucharemos el ataque de un partido opositor al oficial en el sentido de qué han hecho en el gobierno, y denostarán toda acción que se haya realizado. Es su papel. Sin embargo, los del partido oficial deberán sacar provecho de todo eso que podemos palpar en el acontecer diario, y convencernos de votar por su candidato. La misma fórmula aplica para los contendientes, incluyendo a los que pertenecen a esos llamados “partidos chiquitos” y que, según la percepción ciudadana, han sido creados para restar votos a una posible oposición y para dar de comer sobradamente a los dirigentes de éstos, con la tarea de que nos entretengan con declaraciones que tienen que ver con la esperanza de todos.
Porque, a ciencia cierta, no vemos cómo uno de esos pequeños candidatos pueda convencer a la mayoría del electorado para ganar., entendemos que lo que buscan es el mínimo de votos para seguir viviendo del presupuesto y obviamente, conservar el registro, que implica seguir siendo mantenidos sin trabajar, al menos, por tres años más.
Porque esa es la realidad de nuestra absurda “partidocracia”, en la que cualquiera forma un partido político y se le da dinero para que nos entretenga.
Como en el circo romano, insistimos.
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