Para nadie es un secreto que nuestra Universidad Autónoma de Tamaulipas ha ingresado al Top 50 de las universidades mexicanas, y que falta mucho, pero mucho camino por recorrer aún en aras de convertirnos en una de las mejores del país, esperanza de los rectores que hemos visto pasar a través del tiempo, y que han instrumentado acciones para conseguirlo, a veces, con menos o más resultados favorables que otras opciones.
Y duele, lastima y molesta ver comentarios en la red social Facebook de algunos estudiantes universitarios que critican todo cuanto se cruza por su camino.
En la vida, estimados estudiantes, hay que actuar para merecer, y no sentarse a esperar que vayan a la casa de uno a decirle cómo hacer las cosas o a darle sus privilegios, muchos de los cuales no se han ganado ni con todo el trabajo realizado.
Molesta y duele ver que profesores de la máxima casa de estudios critican a las autoridades actuales, y cuando éstos tuvieron la responsabilidad en alguna de las diversas áreas, se concretaron a hacer lo que dijera el señor director o el “señor rector”, lejos de haberse enfrentado ideológicamente a esas personas o ideas que nunca pensaron fueran congruentes, es decir, navegaron según la corriente, sin aportar nada ni hacer algo por un cambio sustancial.
Todos los días habemos personas que nos levantamos pensando, por una parte, en mejorar este mundo, como sugirió Baden Powell hace más de medio siglo, y otros, sin embargo, pensando en lo mal que está, lo difícil de la situación, y criticamos todo cuanto se mueve frente a nosotros.
La crítica de que si sirven aparatos de aire acondicionado o unos hacen ruido molesto, de que si el pintarrón es el adecuado o no tiene nada que ver con nuestra misión estudiantil que debiera ser, en todo momento, la de cubrir las horas de clase, como profesor o alumno, y mostrar nuestra inconformidad cuando no hay clases por pretextos vanos, sin embargo, somos tan buenos para destrozar lo que se hace que no vemos la viga en el ojo propio por criticar la paja en el ojo ajeno.
Decíamos que molesta, duele e indigna ver a esos especímenes que critican sin fundamento, pero más ofende que entre los criticones se encuentren quienes han vivido por más de tres décadas del erario universitario, y que, a punto de su jubilación sigan aún alimentando pensamientos llenos de odio y rencores, porque critican algo que no tuvieron el valor de criticar cuando tuvieron esas responsabilidades, por temor a perder el cargo, ya que, como ellos mismos saben, éste –el cargo- se lo debían a sus acciones pusilánimes y serviles más que a su capacidad, que a estas alturas, aún no ha levantado la cara para mostrarse.
Y como universitarios pensamos que, lejos de estar de chismosos en las redes sociales “acusando” a una Unidad Académica o a la propia Universidad de algo que no se hace adecuadamente, tengamos el valor y la capacidad de presenta la inconformidad ante las instancias correspondientes.
A la fecha, ninguna cantidad de “likes” puede resolver los problemas académicos que hay, y tampoco suple la calidad de algún profesor, como menos sustituye a los faltistas.
Los alumnos deben centrarse en asistir y cumplir con sus deberes académicos; dejarse de holgazanerías que les llevan a estar deambulando en los pasillos toda la mañana sin oficio ni más beneficio que criticar a los demás, y podrían exigir clases corridas y de calidad, hacer sus tareas y no faltar a clase.
Los profesores, por otra parte, debiéramos entregarnos en la medida de nuestra vocación y responsabilidad: no faltar a clases, revisar los programas parra actualizarlos cada período, mostrar nuestra experiencia y calidad al servicio de la comunidad estudiantil, y demostrar que en la UAT, como en cualquier universidad del mundo –cualquiera, exacto- hay gente mala, mediocre, regular, buena y de mucho muy alta calidad y valor humano.
No nos dejemos llevar por los chismes “feisbuqueros” y comportémonos como auténticos universitarios, ciudadanos responsables y usuarios de redes sociales con la madurez que se requiere siempre. Y entre todas esas cosas, hay que mostrar ese gran orgullo que implica ser parte de la UAT, como alumno, profesor, investigador, y como engranaje de un proyecto académico congruente con nuestra realidad.
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