Sinceramente, vemos que el proceso electoral sigue ensuciándose demasiado como para poder garantizar una participación congruente y multitudinaria: las múltiples quejas de los institutos políticos dejan un mal sabor de boca a quienes decidiremos quién será el próximo gobernador en la entidad y elegiremos presidentes municipales y diputados locales.
El hecho de ver las renuncias de muchos candidatos no nos agrada, sobre todo, por las razones que esgrimen; la cancelación de tres de ellos en la zona conflictiva del centro tampoco es nada gratificante. No sabemos qué sucederá entonces, y aunado a lo ya sucedido, algunos candidatos echan más lumbre a la hoguera, inventando quejas y descalificando lo que pueda sugerir una elección adecuada.
Nada bueno, sin duda alguna.
Lo que menos queremos los electores es violencia, quejas, reclamos y esa guerra sucia que se ha incrementado enormemente en la carrera por llegar al palacio de gobierno.
Cada uno de nosotros, que cuente con su credencial de elector y los derechos para elegir, tiene toda la razón al pensar que hay un partido por encima de todos y que será el que elija, o un candidato independiente, harto ya de los pleitos de los partidos políticos.
Tenemos derecho a pensar lo que queramos de uno y otro protagonista, pero a lo que no tenemos derecho es a denostar la entidad, el partido o el candidato en cualquier medio como viles comadres , tirando loco y estiércol a diestra y siniestra.
El pleito entre los integrantes de los grupos de porros electoreros de MC y PAN en Victoria es una muestra de lo que no se debe hacer, y todos han tratado de llevar a gua a su molino.
Se han quejado uno de otro, pero no han hecho propuestas congruentes con lo que queremos los que votaremos.
Tenemos derecho a descalificar a siete de ocho contendientes, pero no tenemos derecho a ensuciar su imagen en una red social de forma hipócrita, altanera, incongruente y poco honesta, inventando chismes de lavadero. Ya es tiempo que maduremos los que tenemos redes sociales y demos la espalda a esos agitadores que han sido pagados por los partidos para ensuciar a los contrincantes, a falta de argumentos propositivos.
Queremos que gane el favorito nuestro, pero no de esta sucia forma en que se lleva a cabo la elección, porque queremos que, cuando se le levante la mano en señal de triunfo no haya duda de su victoria, y no comiencen los que pierden a descalificar y gritar que fue una elección comprada, que hubo fraude y todo lo que acostumbramos escuchar cada seis años que pierden, y peor: son los mismos.
Y es de llamar la atención la voz ciudadana sin partido que exige limpieza y justicia, porque demuestra, independientemente de sus candidatos, que los ciudadanos no queremos saber de los partidos por su terrible reputación, por sucios y por incompetentes; porque no han sabido ser intérpretes de las necesidades ciudadanas y han ubicado a sus miembros en posiciones para enriquecerse y no para servir a los demás.
Estamos, sinceramente, hartos de estos grupos políticos.
Y nos apena mucho ver que gente con tanta experiencia y honorabilidad no pueda dar la cara para lavar la imagen de su instituto. Personalmente, hemos mantenido una excelente imagen, por ejemplo, del dirigente tricolor Rafael González, pero hoy en día, conforme avanza el proceso, ya no sabemos qué pensar.
Y no es callando opiniones como se revierte la situación, sino tratando de hacer bien las cosas, de actuar de buena fe y prensando en los demás, en quienes con nuestra participación damos vida a los partidos políticos, y pedimos tan poco a éstos, como el hecho de ser congruentes, limpios y manejarse con total honestidad.
¿O no lo entienden sus integrantes?.
La infraestructura médica con que
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