Llama poderosamente la atención y duele –por qué no decirlo- ver las noticias en la televisión que hablan de los “Hoy no Circula” de la Ciudad de México y los planes de contingencia que todos los días se ponen en marcha, con objeto de permitir que la gente pueda, al menos, respirar tranquilamente.
Duele, porque México, la ciudad, el otrora Distrito Federal de nuestros amores y de Chava Flores, y que por un capricho de pseudo gobernantes se cambió de nombre, era conocida hace algunas décadas como “La Región Más Transparente del Mundo”.
¡Del Mundo! No de un continente, sino de todo el orbe; hoy, se encuentra en fase terminal gracias a la inconsciencia de muchos, falta de talento de otros, y conformismo de quienes piensan que de cualquier forma se van a morir, o que viven con un tremendo egoísmo que mata.
Si, señor, el egoísmo es el que nos está matando, porque únicamente pensamos en nosotros.
No es posible ver a alguien en un automóvil y una cortina de humo, circulando tranquilamente por nuestra avenida general Carrera Torres, o por Juan B. Tijerina.
Dicen, como pretexto, que son gente humilde y que no tienen para comprar otro vehículo más moderno.
Y nosotros, ¿tenemos la culpa de que no tengan forma de adquirir un vehículo y por eso debemos tragarnos el humo y contaminación que mata?
De pequeños no teníamos muchas cosas por falta de dinero: jugábamos con unas bolsas de plástico amarradas y entretejidas entre sí, porque no podíamos comprar un balón de fútbol, pero nunca robamos uno, ni quitamos el derecho a otras personas para disfrutar de este deporte.
¿A dónde va el columnista?
A que no es posible que pensemos que “poquito veneno no mata” y estemos contaminando el ambiente, las calles, el mundo, como si nada ocurriera. No podemos ser tan retrógradas para hacerlo.
No entendemos, por ejemplo, que no haya sanciones para quien tira desperdicios, o para quien tiene desagüe en el río y sigue como si nada.
Nuestra ex Ciudad Amable aún tiene sitios agradables y “respirables2, y es urgente que, en cuanto se acomoden los diputados en sus curules, se propongan legislar para que haya una ley muy enérgica para cuidad el medio ambiente y vivir en armonía con el entorno que tenemos. La palabra es SUSTENTABILIDAD, y en ese tenor debemos vivir y convivir.
Nadie tiene derecho a quitar privilegios a los demás, y para ello, requerimos vivir en un buen sitio.
Comencemos por no tirar desperdicios en la calle, por evitar circular si nuestro vehículo echa mucho humo. Entendemos que no haya con qué repararlo, pero no tenemos por qué padecer la falta de cultura ecológica.
Que el reglamento permita retirar de circulación esos cacharros que circulan impunemente, que regulemos nuestra existencia, y que seamos capaces de vivir en armonía y con una buena conciencia ecológica.
Insistimos: no padecemos lo que la Ciudad de México aún, pero si nos descuidamos un poco, no tardaremos en tener que salir con máscaras de oxigeno o algo por el estilo. La destrucción de nuestros recursos naturales y la “civilización” que mata todo lo que encuentra a su paso son cosas que tenemos que llevar en mente siempre, y pensar que, si nos acabamos ese privilegio, al rato estaremos como aquellos individuos que pese a ser capital de la Nación no pueden hacer nada; muchas veces no pueden siquiera hacer ejercicio, y eso no lo queremos para los nuestros, a fuerza de ser sinceros.
Así pues, encomienda para el Congreso: cuidar nuestro medio ambiente. La actual legislatura aún puede trabajar sobre ello: queda tiempo aún, ¿verdad?
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