Nada hay que agregar al resultado que conocemos la mayoría de los tamaulipecos en materia electoral: el triunfo es de esa gente que salió a votar y emitir su opinión, hacia uno u otro candidato. No vale, por supuesto, aquellos que en un alarde de inmadurez tacharon sus boletas escribiendo ofensas, dibujos pornográficos o algo por el estilo. Es cierto, todos tenemos derecho a externar nuestra opinión, pero somos de la idea de que, en un caso que requiere mucha madurez y seriedad no podemos permanecer ajenos.
Ya los contendientes hicieron sus pronunciamientos –casi todos- y a reserva que se confirme en forma oficial el próximo domingo con la entrega de la constancia de mayoría correspondiente, Tamaulipas tendrá, por primera vez en su historia, un gobernador que no pertenece al Partido Revolucionario Institucional.
Una muy querida amiga escribió en su muro que tenía miedo de lo que viene, sin embargo, esperaba que pudiéramos los tamaulipecos comunes y corrientes, los ciudadanos, los que no gozamos de privilegios, volver a salir a la calle a caminar con nuestras familias.
Deseaba seguridad y hechos concretos que nos permitan mejorar en muchos ámbitos en el estado.
El hecho de mejorar no quiere decir necesariamente que se han hecho mal las cosas: hay tareas que se han cumplido en forma positiva, pero se puede –y debe- hacer más, y en ese sentido, el gobierno que iniciará en breve su función tiene mucho que hacer, para consolidad y reafirmar la confianza de la mayoría del Tamaulipas que salió a votar.
Y dentro de la civilidad política y ciudadana, deseamos que quien toma las riendas en la entidad tenga el equipo humano necesario y con capacidad técnica, política y humana necesarias que nos permitan visualizar un proyecto de estado que sea funcional para todos, o al menos, para casi todos.
Denostar a los que supuestamente se encuentran debajo no resulta ser una buena estrategia, y eso ha quedado más que demostrado.
Definitivamente, muchas cosas van a cambiar en Tamaulipas, y entendemos que es el momento de hacer un análisis, una evaluación, un alto en el camino para saber qué está sucediendo y donde estamos o no fallando a los ciudadanos.
No nos podemos olvidar que el político es producto de la sociedad, que a ella se debe y no puede vivir ajeno a ésta. Quienes se levantan con el triunfo, deben tener la humildad y sencillez necesarias para entender que se ha confiado en ellos y que se debe trabajar con honestidad y honorabilidad; quien ha resultado con una derrota, deberá sumarse al desarrollo de la entidad, porque, finalmente, todos somos Tamaulipas, y Francisco Javier García Cabeza de Vaca no va a gobernar para los panistas o los que estuvieron indecisos: será, a partir de su oficialización como ganador, el gobernador de la totalidad de los tamaulipecos, incluyendo a quien no creyó en él, y su función será convencer a esas personas que pensaron que no era el camino adecuado.
No podemos ya casarnos con unas siglas o un logotipo partidista, pero tampoco con una persona: tenemos que aprender a participar en la política buscando el bien de la sociedad en la que vivimos.
La soberbia debe ser desterrada, y la mayoría de votantes de todos colores hemos pensado que los excesos del poder también deben ser erradicados, y quienes han obtenido un cargo de elección popular tienen la obligación de vivir decorosamente y en forma honesta.
Dejemos los lujos innecesarios que se pagan con nuestro dinero; dejemos los desplantes de arrogancia y hay que abocarse a servir a los demás, porque, finalmente, para eso la jugaron, y por eso la ganaron.
Ahora viene lo bueno: hay que cumplirle a la gente, para que no vuelva a suceder algo similar.