Divisas locas

Mientras los petroprecios zigzaguean y los expertos en geoeconomía siguen viendo el túnel demasiado oscuro (no precisamente por el color de los carburantes), la guerra entre las principales divisas que pueblan el sistema internacional trae de los nervios a los contables y administradores de las empresas así como a los gurús gubernamentales.
En los últimos 18 meses cuadrar las cuentas para consolidar los balances -sean privados o públicos- está resultando un quebradero de cabeza, además contra todo pronóstico el euro prosigue su fortaleza respecto al dólar.
En enero de este año se preveía que muy pronto el dólar y el euro alcanzarían la unidad, la paridad de uno a uno, al menos una tendencia mucho más apreciable para finales de 2016 y para consolidarse el próximo año.
A estas alturas dudo mucho que después del verano, el euro se desinfle con impetuosa intensidad respecto al dólar, salvo que la burbuja de volatilidad que le ha catapultado en los últimos meses derive más bien de la incertidumbre politica en los Estados Unidos; el temor a los resultados en sus presidenciales.
Es decir que más variables de peso geopolítico que geoeconómico estén lubricando la burbuja entre el euro y el dólar; y vamos a decirlo, hemos llegado a al lumen en la globalización, con la política y la economía retroalimentándose y sosteniendo una simbiosis irrreversible.
Hasta el día de ayer, el euro se cambiaba a 1.1326 dólares; en el mercado mexicano se están presentando niveles no vistos en toda la historia de la euromoneda (en circulación desde 2002) cotizando a casi 21 pesos por euro a la venta y 20.41 a la compra.
Y si el euro que es la segunda divisa a nivel global se fortalece, el dólar que es la primera se mantiene expectante ante las próximas decisiones de política monetaria por parte de la Reserva Federal.
En este escenario de bruma entre las divisas globales, los países más expuestos a los shocks internacionales están por la calle de la amargura, en efecto son los emergentes.
Además del golpetazo en las finanzas públicas y en los respectivos presupuestos federales debido a la contracción en los petroprecios y la menor disponibilidad en los ingresos vía las divisas, a eso hay que echarle un cerillo para tener lumbre en la hoguera de la macroeconomía.
Por un lado, se enfrenta una menor entrada de ingresos por divisas y por el otro, hay que dar más en moneda local para pagar todos los amplios compromisos adquiridos en dólares y en euros más sus intereses. Así es que el incendio no es nimio.