Entendemos que hace una semana casi ha cambiado la geografía política de la entidad; entendemos que muchos que aspiraban a seguir incrustados en la nómina tendrán que resignarse a dejar de hacerlo; entendemos, también, que muchos otros estarán replanteando su futuro, porque a partir de octubre próximo tendrán que aprender –reaprender- a trabajar y “rozarse” con el pueblo: ese apestoso y sudoroso ser al que se menospreció por mucho tiempo y que hoy ha decido manifestar su hartazgo.
Entendemos muchas de estas cosas, porque la condición humana así lo marca: m
Algunas personas no entienden que hay tiempos para todo, pero que lo que se siembra, sin lugar a dudas, se recoge tarde o temprano, y en materia de trato social, de trato con la gente y sensibilidad humana no tiene vuelta de hoja; cuando la gente es menospreciada o vista desde arriba, o cuando las instancias de bienestar social son inundadas por personas cuya aparente cuna noble no es más que una pantalla a lujos y una vida hueca y vacía en la que se pretende vivir de las apariencias, es entonces cuando hay que ubicarse.
Pero lo que no se entiende es ver el abandono de quienes dejarán de pertenecer a la admiración, estatal o municipal, y dejen sus labores a la deriva, como sucede en nuestra hermosa y vilipendiada capital tamaulipeca, en Matamoros o en Nuevo Laredo, por citar solamente algunos ejemplos.
En el Libramiento Naciones Unidas es increíble el tamaño de la “selva” de los camellones, sin que autoridad alguna se digne cortar ese pasto que estorba a la visibilidad de cientos –miles- de automovilistas, o porque no vemos un camellón que haya sido atendido en ese rubro.
Pareciera que no hay dinero para utilizar una podadora, de esas que ocupan poco combustible y dejan un trabajo muy importante en materia de ecología y salud, estética y bienestar.
Se olvidan que la maleza propicia desarrollo de plagas como dengue, chicunguyna o zika, por mencionar solamente algunas, y que la importante y trascendente labor de la Secretaría de Salud en ese renglón puede verse afectada si las autoridades competentes no hacen lo que les toca.
El secretario de Salud Norberto Treviño García Manzo ocupa un importante número de recurso humano y financiero para procurar nuestro bienestar en este sentido, pero con esa maleza no podemos augurar el éxito de su función.
Lo dejan solo en una lucha que es de todos, y eso no se vale. No se justifica, no se entiende, pues, menos de quienes han estado por 2.5 o 5.5 años en el presupuesto, municipal o estatal.
Y es aquí donde quienes concluyen su responsabilidad constitucional deben cerrar dignamente y no practicar el tradicional y denigrante “año de Hidalgo”, porque no merecemos los tamaulipecos esas actitudes.
Hay que seguir trabajando, porque finalmente la administración cierra hasta el 30 de septiembre y falta mucho.
Se requiere dejar las cosas en buen estado y no pasar la estafeta en crisis para las administraciones siguientes, del mismo partido o de uno diferente.
Los tamaulipecos no tenemos color, pero sí necesidades de atención por parte de la autoridad.
Y es donde, suponemos que el incumplimiento de estas funciones debe castigarse con toda la severidad posible, y no se trata de una cacería de brujas como alguien supone, sino el vigilar que se cumpla con las encomiendas de servicio.
Aplica al gobierno estatal y federal y, en la parte que le corresponde, al gobierno federal, porque, los mexicanos no sabemos donde concluye e inicia un nivel de administración, pero sí sabemos que cuando no se nos atiende vienen muchos problemas.
Y la verdad, el estado se encuentra ante un panorama deprimente que no merecemos los que hemos decidido vivir mejor, a través de nuestro trabajo, y de una correcta administración que responda a nuestras necesidades y nos tome en cuenta.
¿Y los servicios?
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