Reza aquella frase tan especial que la voz del pueblo es la voz de Dios, y hace mención al poder inmenso que tiene una sociedad respecto a sus decisiones, sus dirigentes, sus representantes y sus acciones.
¡Vaya! Debiera entenderse claramente que quien llega a una posición gubernamental no tiene decisión propia, sino que éstas deben centrarse en la necesidad y decisión de una masa que es representada por él, y que no tiene más remedio que obedecer la voluntad popular.
Ejemplos varios hemos visto a través de la historia, donde la gente decide qué es lo que deberá hacerse; uno de ellos, muy claro y que a muchos incomoda es el que se llevó a cabo cuando Pilatos decidió castigar al “rebelde”, cuando la gente, la sociedad –con o sin razón- pidió su crucifixión.
Llevado a los extremos, pero así de importante es el poder de la sociedad o así debiera de serlo. Nuestros representantes no han entendido que viven como magnates, como pequeños grandes burgueses dándose lujos que en su torpe vida pudieron haber imaginado gracias a que el voto de la sociedad les llevó a tener esos ingresos. Lo único que pide la población es ser bien representada, y lo anterior no sucedió con la decisión del Senado de la República, donde los nuestros, los que tenemos por representantes votaron por los intereses de su partido, en una actitud más cómplice que congruente.
Decidieron defender a esos tramposos que se han enriquecido a costa de nuestros impuestos, y que están –o estaban- acostumbrados a no entregar cuentas. Hoy, las cosas cambian radicalmente, y hay que tomar decisiones colegiadas, pero parece que esta camarilla de vividores no entendió la importancia de ser Senador, y han hecho mal uso del poder que la gente les confirió, para solapar irregularidades.
¿A qué tienen miedo? Seguramente habrá cuantas nada claras que han ingresado a su patrimonio, y en ese sentido, hacemos votos porque llegue alguien que ponga orden en todo esto, y que se pueda respetar la voluntad sagrada de un pueblo indignado y ofendido que hoy clama justicia.
Y hemos insistido en lo anterior, porque hemos dado poder a 43 personas, a legisladores locales y a un gobernador que entrarán en funciones en octubre próximo, y pediríamos, si es que nos lo permiten, y que deben hacerlo, porque están obligados a escucharnos, que nos tomen en cuenta y entiendan cuales son nuestras prioridades.
No queremos más abusos en el gasto público o la celebración de acciones poco populares, tampoco el que se llevan a cabo obras no solicitadas por la sociedad cuando tenemos grandes necesidades, cuando la entidad requiere de un buen diagnóstico para ofrecer soluciones que, a la vista de nuestros alcances y necesidades puedan llevarse a la práctica a la brevedad posible.
El equipo de transición deberá ser muy escrupuloso y no permitir más abusos, y sería muy saludable saber que se castigará a quienes abusaron de la confianza que entregó el pueblo y se enriquecieron en forma por demás insultante.
Ya de por sí, tienen excelentes salarios, como para todavía no llenar y llevarse hasta la propina de cada cuenta pública.
Y queremos suponer que se acabarán esas acciones de prepot4encia, que habrá un sistema de justicia al que no tengamos miedo de denunciar, so pena de sufrir las consecuencias que nos llevan inclusive a perder la existencia, quisiéramos tener la confianza de poder participar en los debates sobre decisiones fundamentales, y quisiéramos, sinceramente, saber que son tan humanos como nosotros y de vez en cuando estrechar su mano, sin la barrera que vivimos con los pretextos de que siempre están en reunión, o que no pueden atender porque son gente muy ocupada.
Nosotros propiciamos que tengan ese trabajo. Lo menos que pueden hacer es atendernos, como representantes de un pueblo que espera mucho de sus gobernantes.
La oportunidad de oro está a unos meses. ojalá se pueda aprovechar al máximo.