Manuel Raga al Salón de la Fama

No todos los tamaulipecos son malos; no todos se dedican a hacer como que trabajan y quieren destacar materialmente a costa de las acciones deshonestas que todos conocemos y que nos han valido una lastimosa imagen de tramposos, ligados a actividades fuera de la ley y más: hay tamaulipecos muy brillantes en sus distintos campos de acción que merecen todo nuestro reconocimiento.
Amalia González Caballero de Castillo Ledón, la primera mujer diplomática mexicana, o Estefanía Castañeda Núñez de Cáceres, baluarte inolvidable en la educación preescolar, y así, podríamos mencionar a varios de ellos.
No podemos olvidar a Ismael Valdés, el popular “Rocket”, ex jugador de ligas mayores y un ejemplo para la juventud victorense.
Pero si de ejemplos se trata, hay que remontarse al municipio de Aldama, donde, en el año de 1944 vio la luz primera Manuel Raga Navarro, el más grande basquetbolista que ha tenido México.
No podemos olvidar esos días de 1968 cuando la selección de basquetbol hizo las delicias de millones de mexicanos, y en ella estaban el “Chiquis” Grajeda y Raga, Manuel, el tamaulipeco, el ala por posición natural pero polivalente y versátil jugador en la práctica.
Raga nos hizo soñar jiunto con sus compañeros en muchas cosas. No existía la NBA para los mexicanos, así que emigró a Europa, donde jugó con Ignis Varese y cxon el Lugano; en el Varese se convirtió en uno de los jugadores históricos del club, por sus números, por su rendimiento y su valía como jugador, considerado el mejor del mundo en su tiempo.
Raga Navarro, dicen los expertos, tenía las características ideales para el baloncesto, entre las que destacan su portentoso salto en vertical, capacidad que le servía para capturar muchos rebotes, y por tener un tiro en suspensión –jump shot- que era una de sus marcas características. Gracias a ello, se convirtió en un tirador enormemente eficaz y elegante.
Manuel Raga juega en el campeonato mundial de 1967 y en la olimpiada de 1968, donde se destaca como siempre. Luego, llega al Varese donde le apodan “el indio”, pero se gana el cariño de los aficionados por su efectividad, capacidad de defensa, rebote y tiro. Un jugador completo en toda la extensión de la palabra.
Prefirió ser el gran jugador titular en Europa que enrolarse en la NBA, desechando tal distinción. Raga es objeto de un homenaje en 2010 en Varese, donde “Il messicano volante” es reconocido por su aporte al deporte, y el presidente de esa provincia lo nombra ciudadano distinguido y dice “es un honor haber acogido al hombre que mejor representa un verdadero modelo de atleta y de la persona que sabe como ganar y hacerlo en equipo”.
Ganador de tres torneos LEGA -1969, 1970, 1971-; tres copas Italia en 1969, 1970 y 1971, tres Euroligas: 197’, 1972 y 1973 y dos copas intercontinentales en 1970 y 1973, Manuel Raga es merecedor de un honor más: el próximo 27 de agosto será agregado a la lista de los más grandes: la FIBA –Federación Internacional de Basquetbol- lo colocará en el Salón de la Fama, honor que muy pocos hombres en el mundo tienen.
Su donde gente, su caballerosidad y espíritu deportivo le llevaron a la conquista de un sinnúmero de reconocimientos deportivos, pero su calidad humana le ha dado la oportunidad de cosechar millones de amigos a través de su maravillosa existencia.
Hoy, Manuel Raga es ejemplo de los tamaulipecos y específicamente imparte sus conocimientos en Ciudad Victoria, cerca de la cuna que le vio nacer.
No se puede negar que la vida ofrece muchas satisfacciones, pero tampoco podemos negar que el hecho de poder habernos sentado varias jornadas a tomar café con uno de los más grandes, con el ídolo de cuando niños veíamos los juegos olímpicos, con el super héroe del basquetbol mexicano, con el amigo Manuel, ha sido uno de los más grandes regalos que pudimos haber tenido.
Y la vida le otorga el merecidísimo honor: Manuel Raga Navarro, al salón de la fama de la Federación Internacional de Basquetbol. Honor a quien honor merece.