Sin lugar a dudas, un tema que reviste muchísimo interés, y justifica una de las funciones del periodismo, que es la de informar, pero hacerlo no en un sentido amarillista o sensacionalista, ni de chisme o intriga, sino en un ámbito formativo y de orientación para la comunidad a la que se debe.
Desde hace muchos años el columnista ha dedicado una parte de su esfuerzo profesional al periodismo en salud, haciendo hincapié, como prácticamente quien le conoce lo sabe, a temas relacionados con la diabetes, preocupación personal y comunitaria.
Personal, porque vivir con diabetes no es lo mejor que haya ni lo más sencillo, y hay que prepararse para enfrentar este estilo de vida.
Comunitaria, porque finalmente, los periodistas supuestamente debemos formar opinión y ofrecer datos que informen y capaciten a los usuarios, a los lectores, radioescuchas o televidentes, cibernautas o usuarios del móvil, medio por el que hoy en día se presenta una forma muy completa y compleja de periodismo.
Y entonces estuvimos en el foro donde se presentan ideas de esta naturaleza, y nos damos cuenta que la realidad de Ciudad Victoria es la de México entero, y no solamente eso, sino de Iberoamérica en prácticamente su totalidad.
Vemos en todos los rincones información referente a los programas oficiales de las secretarías o ministerios de salud, declaraciones de servidores públicos relacionados con la salud, información de campañas y a veces, numerología, es decir, datos de prevalencia de enfermedades, de cuántos hay, en qué condiciones y cuántos han muerto. Esa es la realidad.
Como parte de una ONG dedicada a la información sobre diabetes, periódicamente nos interrogan colegas y nos preguntan sobre los casos y muertes en diabetes, tanto en la ciudad como en el estado o el mundo entero.
Pero, ¿y lo que debemos hacer cuando nos diagnostican? ¿Dónde están las notas que nos orientan sobre la forma de alimentarnos o llevar a cabo actividad física?
No tenemos muchas veces idea de cómo combatir el sedentarismo, de evitar el sobrepeso y la obesidad y de buscar una mejor calidad de vida que nos lleve a no padecer enfermedades crónico-degenerativas que hoy en día son las causantes del mayor número de muertes en el mundo entero.
Hoy en día, el periodismo en salud debiera tener más seguidores y más periodistas especializados en estos temas que puedan conformar un equipo ideal con profesionales de las distintas áreas de la salud, para interpretar el conocimiento científico y llevarlo a la comunidad en forma tal que se pueda seguir fácil y ligeramente.
La conclusión de esta reunión es que hace falta el recurso del periodista científico, del periodista especializado en temas de salud, y lo anterior puede convertirse en una interesante propuesta para una administración estatal que iniciará actividades en octubre próximo, para que, en coordinación con los diarios del estado puedan ofrecer un curso de periodismo en salud, con la idea de que lo invertido en el mismo representará un importante ahorro en los costes de tratamientos y en internamientos, intervenciones y por consiguiente, una baja en los índices de mortalidad.
Así de importante se constituye, o así lo vemos quienes pensamos que tenemos que poner nuestras capacidades al servicio de la sociedad, haciendo llegar información que ayude y oriente, y no únicamente saber si tal o cual artista va a casarse por enésima ocasión, o si hay nuevos casos de corrupción, de esos que abundan y que se quedan en la impunidad por los siglos de los siglos.
Queremos conformar este esfuerzo que mucha falta nos hace, y llama la atención que la preocupación no es local ni personal, sino iberoamericana, porque en todos los países tenemos esta carencia.
¿Qué sigue? Se nos ocurre un evento para tal fin, coordinado por la Secretaría de Salud y la Universidad Autónoma de Tamaulipas. ¿no cree usted?