Durante las últimas semanas las redes sociales se han encargado de difundir una serie de mensajes emanados de la sociedad mexicana, en el sentido de que no hemos sido depositarios de las acciones prometidas por una autoridad que nos ha fallado en todos sentidos.
Llama poderosamente la atención un par de videos en los que aparece el presidente de México Enrique Peña Nieto asegurando, prometiendo, jurando que no habrá más incrementos en el costo de la gasolina, el gas, la luz… nada más alejado de la realidad, y hoy vivimos las alzas más impactantes para nuestro bolsillo, amén de la que tuvimos a principios de año, cuando fue elevada según lo acostumbrado, pero era la promesa que sería la única en el año.
No fue así, y caímos de nuevo.
Hoy, la población tiene que hacer milagros con su salario: tenemos que comenzar a eficientar al máximo el gasto de recursos: no podemos dar vueltas en el automóvil sin ton ni son, porque nos cuesta mucho dinero; no podemos desperdiciar energía eléctrica ni gas ni nada.
Ese tipo de acciones debieran ser pan de todos los días, y en ese sentido, nuestra economía sería más soportable, pero no ha sido así, y todos hemos padecido una serie de desilusiones que, alimentadas con otras acciones reflejaron el descontento de la población el pasado 5 de junio, cuando México dijo NO a un partido que se ha dedicado a engañar a sus conciudadanos y a vivir de falacias y diatribas.
En la entidad tuvimos una reacción natural ante los acontecimientos vividos, y las redes sociales –insistimos- han sido el fiel reflejo del descontento general.
Los “expertos” en comunicación y medios han desdeñado la opinión ciudadana en ese sentido, y han hecho caso omiso a los reclamos sociales, tomando los “tuits” y los “posts” como chismes o como ofensas sin sentido, olvidándose que hoy en día son la prueba más clara de una libertad de expresión que no se puede ocultar, y que hoy se revela contra las imposiciones, los engaños, los excesos de la gente del poder y el terrible influyentismo que, a pocas semanas de irese, sigue existiendo y de forma más ruin y descarada.
Como dice un buen amigo: “saben que se van, y quieren llevarse lo más que pueden”, y es aquí donde mucha gente espera que haya sistemas y métodos de fiscalización para que los que se van no lo hagan sin enfrentar la responsabilidad de haber desviado los recursos multimillonarios que nos han llevado a esta situación tan difícil y de descontento.
Ahora queremos orden, porque lo merecemos. El problema es que debe venir del centro del país, de una administración que ha quedado a deber en todos sentidos, y a los tamaulipecos nos ha ofendido enormemente, siendo la última acción la más deleznable que nos deja desprotegidos.
No entendemos cual es el concepto de política que tienen, porque en nada se apega a lo que marcan los cánones ni las costumbres.
Atrás quedaron esos tiempos en los que se respondía a los intereses de los ciudadanos, y se trataba de dar respuesta a sus demandas.
Ahora la gente quiere saber qué pasará con todo lo que se adquirió para dar rienda suelta a estos excesos tan deprimentemente insultantes, y que seguramente quedarán arrumbados en corralones y más, sin justificación alguna al gasto millonario que no se aplicó en lo que se debía.
No estamos de acuerdo, y nunca lo estaremos, en que se vayan dejando adeudos por cientos de millones de pesos. No es responsable que se gaste más de lo que se pretende ganar. Eso debe tener una respuesta jurídica y penal muy significativa, porque, a decir verdad, no estamos para mantener bribones, ni para solapar sinvergüenzadas.
México está cansado, Tamaulipas lo está, y cada uno de nosotros pide un “Ya basta” con urgencia.
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