Vacaciones pagadas

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El calor característico del verano es muy singular. Pese a las altas temperaturas el viento la mayor parte de los días ha estado presente un buen número de horas. Claro que el viento es caliente y es cuando no hayamos que preferir.
Este periodo veraniego para muchos es de nostalgia, de incertidumbre. Nostalgia porque muchos empleados de gobierno estatal y en algunos municipios, amén de las delegaciones federales, tendrán que abandonar la oficina que les albergó una parte del sexenio o toda la administración del Ing. Torre Cantú.
Pronto el regreso vacacional de algunos empleados en los tres niveles de gobierno, esperan la siguiente semana y reincorporarse a sus labores habituales, sobre todo los empleados sindicalizados.
A quienes la incertidumbre les inmovilizó y no pudieron salir aunque sea a ‘Macalear’ fueron a los empleados de gobierno de ‘confianza’ que tienen la esperanza de seguir cobrando en su secretaría estatal o federal.
Desde luego que hubo empleados y funcionarios de confianza que de plano se despiden del erario con vacaciones de lujo porque ocuparon cargos significativos en la administración pública federal, otros del Estado y otros en algunos municipios donde también llegó la alternancia.
Éstos empleados -hombres y mujeres- saben bien que desde el pasado 5 de junio su futuro estaba claro, su renuncia o despido sería inminente, anticipada o retardadamente tendrán que dejar el cargo y contentarse con pasar a la banca de desempleados, por lo menos durante el siguiente sexenio. Y en algunos casos, esperar un proceso o la cárcel.
Existen servidores públicos cuya esperanza es que su trabajo sea valorado desde una perspectiva de calidad y eficiencia, más que por la grilla partidista, lo que les podría garantizar su permanencia en el empleo.
En este momento los ‘empleados de a pie’ no pretenden un ascenso. Aceptarían incluso un descenso de nivel laboral, pero lo más importante es seguir en la nómina gubernamental.
Esta vez, los hombres y mujeres que deben tomar las decisiones importantes para la siguiente administración, están obligados a verdaderamente valorar no solo cada currículum -que muchas veces es engañoso-, sino la calidad del trabajo de los empleados.
Uno de los grandes engaños de los electores burócratas durante los primeros meses de este 2016, fue asistir dócilmente a todos los foros que fueron convocados por el partido en el poder. Incluso sin el uniforme laboral.
En otras palabras, las mismas voces que cantaron y vitorearon a Baltazar y al tricolor en las concentraciones abiertas o en espacios cerrados tricolores, fueron las mismas que no cruzaron en la boleta electoral por los colores del PRI.
El voto del 5 de junio de este 2016, en las urnas tamaulipecas, cayeron papeletas de enojo, de fastidio, de ofensa, de desesperanza contradictoria en una esperanza para la llegada de un partido diferente.
Tamaulipecos empleados de los tres niveles de gobierno, definitivamente que están en la zozobra sobre su futuro laboral en este cambio de administración.
Se vale, porque es la primera vez que Tamaulipas será gobernado por un partido diferente al PRI y desde luego, que al ser esto novedad, la incertidumbre haga esperar espera un ‘castigo’ para la misma burocracia.
Para cerrar le comento un anécdota de nuestra historia reciente, quizá no mucho tiempo atrás cuando Eduardo Alcalá, entonces presidente del desaparecido Consejo Cívico Ciudadano de Cd. Victoria, fue destituido como Director de Registro, Certificación y Convalidación de Estudios de la Autónoma de Tamaulipas.
No hubo razón oficial para la destitución de Lalo Alcalá, porque era un funcionario eficaz y responsable. Pero sí hubo un hecho político, cuando ‘abarrotó’ la sede del Consejo -sesionaba en el restaurante Los Candiles del Hotel Sierra Gorda- por el invitado de ése jueves.