La labor del socorrista

Leer esas noticias en las que está involucrado algún socorrista y que no son gratas, molesta, ofende, indigna.

Hace apenas unos días se supo de una ambulancia que salió a cubrir un servicio reportado vía telefónica, y en el camino tuvieron un accidente, se volcaron y uno de los socorristas quedó mal herido, y los daños son incalculables, aparte de la ambulancia, que es el menor, porque los daños graves son hacia la institución, hacia las personas que voluntariamente arriesgan sus vidas por nosotros.

Cada persona que llega a la Cruz Roja lo hace con intención de servir a los demás: son objeto de una preparación muy especial, y en ese sentido tienen mucho que ofrecer a cambio de la satisfacción de haber servido, de haber ayudado a alguien. Ahí se construye su grandeza, porque no requieren de otras cosas políticas o sociales: ellos hacen su labor sin esperar más recompensa que el saber que hicieron lo correcto.

La gente se indigna y dicen que hay que castigar fuertemente a los que hacen este tipo de acciones, malamente llamadas “bromas”, porque una estupidez no pude catalogarse como chiste, broma o algo parecido.

Indigna saber que la Cruz Roja Mexicana informa que más de la mitad de sus servicios son falsos, que la gente se divierte llamando y reportando siniestros inexistentes.

Se hacen esfuerzos por legislar al respecto, pero no es fácil rastrear todas las llamadas y lo saben estos infelices que juegan con la vida de los demás, y con el poco recurso que hay para garantizar una atención a tiempo.

¿Cárcel? Este tipo de desequilibrados no podría pagar con todo el tiempo del mundo el daño que hace a una sociedad que demanda servicios, atención y vocación de servicio en algunas personas, no pagan con nada la ofensa social y personal que llevan a cabo.

Tendríamos que pensar en algo más, para garantizar que las llamadas son reales, que los accidentes existen y que se debe actuar en forma inmediata, pero sin dejar de lado la garantía de un servicio de calidad, oportuno, diligente y con el conocimiento que tienen estos seres humanos que merecen el reconocimiento social en todos sentidos, en todo tiempo y en todo lugar.

Vemos que la tecnología camina –corre- a pasos agigantados, y en ese sentido, entendemos que pronto será posible, como lo vemos en series televisivas, rastrear al momento las llamadas y tener el antecedente para poder actuar en consecuencia.

En tanto, tenemos que apoyar a los socorristas de la benemérita institución que a diario se juegan la vida en aras de salvar la existencia de una persona, de una familia o de cualquier ser viviente. Son nuestros héroes anónimos porque siempre están ahí, en las instalaciones esperando si hay una llamada de auxilio.

Están en espera de que alguno de nosotros tenga una urgencia y entonces actuar en consecuencia, y en ese sentido, lejos de jorobar su existencia, tendríamos que otorgarles un gran reconocimiento por tan especial y altruista labor.

Y esperamos que quien tenga a su cargo este tipo de acciones lo siga haciendo, que no dejemos de contar con recurso humano que disponga de su tiempo y capacidades para enfrentar los problemas que surgen en los accidentes en el hogar o la carretera, en las calles o cualquiera de los sitios a donde tienen acceso estos personajes tan especiales.

Pero, mientras eso sucede, tenemos que hacer un gran reconocimiento a los socorristas que arriesgan su vida a diario, y entender que no somos nadie para desperdiciar el recurso humano que hay, y que lejos de perjudicarles, tendríamos que apoyarles en otro tipo de acciones para contar siempre con ellos.

Entonces, la palabra la tenemos nosotros, y por favor, dejemos de hacer romas estúpidas que lejos de ayudar, perjudican a una sociedad que de por sí tiene muchos problemas.

Comentarios: [email protected]