La otra cara de las ciudades

Cuando vemos en la televisión o promocionales de otra índole los sitios turísticos, nos vamos de bruces con lo que nos muestran: las discotecas a tope, con luces, gala, baile, alegría, aunque lo que no es precisamente lo mejor es que está asociado el alcohol con la diversión: como si fuera básicamente necesario tomar para divertirse. No es el caso hablar de los excesos del alcohol y sus consecuencias, que todos sabemos y conocemos, sino ver la otra faceta de un turismo que a veces deja mucho… pero también quita.
Todo fue salir muy de mañana por la calle de Atocha y ver las máquinas –muy modernas- para barrer las calles: por un lado, un individuo con un aparato que echa aire por una manguera “empujando” la basura hacia donde la dirige para que pase la barredora y recoja de una buena vez casi todo el desperdicio, que en mucho son latas de cerveza y empaques de comida rápida.
Es impresionante la cantidad de basura que se puede visualizar a las 7 de la mañana por las calles de Madrid, y en Ibiza sucede lo mismo, o en Jeréz, en Santiago, o Cancún, en Tampico y cualquier sitio donde hay excesos de diversión sabatina o dominical.
Y en nuestra querida Ciudad Victoria, vemos con tristeza las montañas de basura que deja el Libre 17 todos los domingos, y que constituye un trabajo extra para el departamento de limpieza.
Alguien dirá que para eso les pagan, y tienen razón, solo que… ¿es necesario ser tan poco cuidadosos y solidarios?
No entendemos, por ejemplo, cuando visitamos un centro nocturno, antro, discoteca o lo que sea, y entramos a los sanitarios y encontramos las tazas mojadas porque los que nos precedieron no fueron capaces de levantar la tapa, a lo que surge la pregunta: ¿Así tendrán sus casas de marranas?
En las calles, abunda la basura y desperdicios de todo tipo, por más que haya botes de basura o sitios donde depositarla, aunque en Victoria no es el caso, porque en el 17 prácticamente no tenemos donde ponerla.
Es necesario pensar en lo que cuesta el ser tan descuidados y cochinos, en ver la cantidad que se desperdicia de comida, bebidas y recursos en aras de mantener limpia la ciudad.
Aplica a todos sitios: Madrid amanece el lunes en forma que pocos conocen: en la Plaza del Sol abundan los borrachos que a las 7:30 u 8 de la mañana aún están en las escalerillas del Metro bebiendo y haciendo barbaridad y media; siguen escandalizando a esa hora cuando muchos ya han ido a trabajar.
La basura constituye un verdadero problema en todas las grandes –y pequeñas- ciudades, y en ese sentido, la autoridad no puede más que recoger lo que todos dejamos ahí, en un sitio incómodo que perjudica a los demás.
Y pensamos si realmente nos dan ganas de ir a un cochinero de ciudad.
Personalmente no nos gusta caminar entre desperdicios, y sitios como Cancún, Acapulco, Mazatlán, Ibiza, Madrid y seguramente en otros países también tienen el mismo problema.
Procuremos que los visitantes se lleven una buena imagen, pero más importante aún, dispongámonos a disfrutar de una ciudad limpia y amable como era la nuestra, para que los visitantes se sientan a gusto, y que nosotros nos enorgullezcamos de este pequeño sitio del mundo donde están nuestros afectos.
Pongamos esa parte que nos falta y urge: hagamos de la nuestra una ciudad limpia que sea motivo de presunción ante los de fuera, y que podamos entonces disfrutar de las calles de nuestra querida ciudad, del puerto de Tampico, de nuestra frontera y todas las ciudades tamaulipecas, al menos con más orden de la que ahora tienen, y que sea, por favor, producto de un acto de conciencia y solidaridad de nosotros para con nosotros mismos.
Finalmente, la ciudad es de todos, y en ese “todos” están inmersos nuestros hijos, y quisiéramos dejarles una buena y limpia ciudad, ordenada, segura y tranquila. Para ello hay que trabajar juntos y muy fuerte pero todos.