Muchos, pero muchos tamaulipecos se han dado a la tarea –nos hemos- de buscar los mejores precios y artículos escolares, y preferentemente, que encajen los dos conceptos: o como decían antes: buenos, bonitos y baratos. El caso es que los útiles escolares son ahora motivo de preocupación para muchos de nosotros, que buscamos la manera de complacer a maestros que, haciendo gala de una insensibilidad y falta de criterio, exigen cuadernos fuera de lo normal.
Hemos padecido a esos que, en un alarde de mostrar una supuesta superioridad que no tienen ni moralmente ni como personas, piden cuadernos de 150 o 200 horas a los chicos, forrados de tal o cual manera, cosidos, lo que implica mayores gastos.
No son capaces de esperar esos paquetes de cuadernos baratos que reparte el gobierno del estado y que sirven para dos cosas: para nada y para nada, porque cuando los entregan ya los chicos han tenido que cumplir las exigencias de sus profesores, so pena de que les bajen los primeros puntos del ciclo escolar.
El lector sabe que no es ajeno a la realidad el relato, y que tiene mucho que ver con eso que decimos: la intransigencia de quienes se sienten superiores por ser maestros, como si realmente devengaran su salario o sintieran su profesión.
Un buen maestro exige cuaderno para apuntes, de la forma y estilo que sea: deben dejar de pedir uniformidad en todos los muchachos, que no lleva a nada bueno según los estudiosos del comportamiento: sugieren que los dejemos ser y llevar lo que deseen.
Algunos profesores se justifican porque dicen que los chicos pierden los cuadernos pequeños o de poco contenido de hojas, y luego batallan para estudiar.
Somos de la idea de que eso no es asunto del profesor sino del estudiante y si acaso, de sus padres, encargados de su formación: el profesor debe pedir que se pueda anotar el contenido de la clase y ya; debemos dejar ese paternalismo tan absurdo que por años nos ha acabado en México y que hace que nuestros muchachos estén supeditados a lo que diga el profe, como si realmente importara que el cuaderno sea de marca, de resorte doble o sencillo, cosido o de otro.
Los cuadernos del gobierno no se emplean porque se entregan hasta después, y porque, insistimos, los profesores no tienen intención de hacer que ahorremos en ese rubro y piden caprichos absurdos muchas veces, imposibles, otras.
Una maestra pidió a una niña de conocida primaria un cuaderno de cuadro doble; en lo personal, no conocemos este cuaderno y no sabemos a qué se refería.
El forrado y más, aspectos que debemos desterrar para hacer más responsables a los nuestros de sus cosas.
Y el ciclo inicia entonces, con los consabidos gastos y filas en tiendas de autoservicio y papelerías, y con la idea de los padres de gastar lo menos que se pueda sin escatimar porque nuestros hijos tengan lo necesario.
Viene lo bueno: que aprovechan el ciclo y que los profesores hagan un buen trabajo con ellos, con nuestros hijos, y que nosotros, padres, tengamos también los recursos de tiempo y más para que la educación de los hijos sea completa, integral y que no falta lo necesario.
Hay ofertas en todos lados, y los miembros de la Cámara de Comercio local han hecho esfuerzos por vender más, con descuentos que pueden ahorrar a muchos tamaulipecos algunos pesos. Eso es muy loable y debería ser apoyado por nuestra autoridad y generar algún beneficio a los comerciantes y a lso usuarios, es decir, que los útiles escolares se puedan deducir de la enorme y pesada e inhumana carga tributaria existente en México y que no tiene para cuando bajar o regularizarse.
Pero hay que estar conscientes que vemos cuadernos profesionales cuyo costo oscila entre los 7 y 200 pesos, es decir, hay para todos los gustos, presupuestos y más, siempre y cuando los profesores no nos hagan gastar de más, que es lo que pedimos de la menor manera posible.
En ese sentido, debemos aprender a ahorrar y que les pidan lo que van a necesitar, porque luego concluye el año, y los cuadernos… completamente vacíos.