Juegos de “confianza”

La recurrente práctica en la oficina no podía dejarse para después: cada inicio de semana era lo mismo: tener que soportar los llamados “juegos de confianza”, que no han sido sino una forma de poder manosear al personal femenino que, ávido y necesitado por conservar su empleo y con poca o nula capacidad laboral tendría que sujetarse a los caprichos de quien es cabeza de esa oficina.
Curiosos: ante la complicidad de quienes vigilaban la puerta al privado, se reunía con “su” personal para practicar este tipo de actividad, con la idea de demostrar y demostrarse que en el equipo de trabajo había la suficiente confianza como para poder seguir siendo considerados parte del grupo.
Obviamente, las que tenían problemas con la báscula o con la edad no cabían en la práctica: estaban disculpadas, así como quienes en algún momento reaccionaron decorosamente… y fueron tildadas de rebeldes.
Entonces, quien manejaba la oficina decía un número, y el “ejercicio” o “dinámica” era abrazar a la chica que tenía el papel con el mismo, para demostrarse ambas partes que la confianza era parte de la estrategia laboral.
O el otro “ejercicio” de poner en el piso un papel de tamaño pequeño y pedir a todas que se congregaran en él, para que se demostrara que en un pequeño espacio cabían todos y todas, o más bien: ¿todas y todo?
Obviamente, el manoseo era natural por la falta de espacio.
Y así, este tipo de acciones se multiplicaron por años y se siguen dando para desgracia de quienes tienen que sufrir las consecuencias del maloliente individuo, mal formado, grotesco y prepotente individuo que sigue teniendo cotos de poder y sigue abusando de la gente.
Muchas se quejan en silencio, porque temen perder su empleo como ha sucedido con algunas de sus compañeras que, cuando se negaron a soportar los caprichos de su “jefe” tuvieron que ser despedidas, bajo pretextos de toda índole, desde deslealtad, falta de compromiso, fraude u holganza el caso era echarlas sin derecho a defensa, y con el consabido ninguneo y humillación máxima de que es posible un individuo tan enfermo de poder y con complejos tales que no le permiten ver más allá de sus ojos.
Faltar al respeto a su investidura familiar y laboral no ha sido más que una constante, porque la mezcla de personalidades, de uno y otro ámbito han sido constantes en su devenir durante décadas en que ha manejado a la gente a su antojo.
La discriminación y humillación son pan de todos los días, pero es tan grave que exista un tipo con estas características como el que haya chicas de buena figura que supediten el conservar su empleo a los manoseos y humillaciones de tremendo naco con poder.
Ese es el peligro, es el problema.
Curiosamente, platicar con ellas denota el asco que genera el individuo, el rechazo como persona y como ser humano: grotesco, denigrante y sucio es lo menos que le dicen, pero aseguran que aguantan por el trabajo.
Y se preguntan si los vientos de cambio llegarán a todos los rincones de las administraciones donde se tiene el compromiso de servir y atender a los tamaulipecos porque de estas acciones están cansadas… aunque no hagan mucho más que permitir que les toqueteen los glúteos con lascivia, con morbo, con la suciedad de que es capaz el que no respeta ni a su casa, ni su familia… ni su trabajo.
¿Demandas?
No se animan porque piensan que la justicia no hará nada porque lo que ellas platican en su reunión es denigrante, grave, malo, terrible, pero la única constancia es lo que han vivido ahí: nadie tiene filmaciones o grabaciones que sustenten lo enfermo que está el tipo y la forma en que trata a nuestras mujeres, que bien podrían ser nuestras hijas, y que debemos de hacer algo por evitar estas conductas.
En ellas, pese al temor por denunciar, existe la esperanza de que esta pesadilla termine y se les valore como lo que son: mujeres.