Luego de haber padecido la indiferencia oficial en cuanto a la banca privada, y la forma leonina en que se manejan, como lo hace Santander con sus clientes, justo es respondernos por lo que falta o falla en nuestro sistema.
Tenemos que los constantes escándalos en torno a la pareja presidencial han concluido con un “usted disculpe”, y se piensa que los ciudadanos debemos quedarnos satisfechos por ello.
Se habla de denuncias de malos manejos como los que vivimos en Tamaulipas con el constante enriquecimiento súbito de tamaulipecos que conocimos como “clasemedieros” y que hoy son millonarios emanados del gobierno estatal.
Y sucede que siguen entrando al Casino o al Campestre con la honorabilidad que les otorga su estatus económico; la gente murmura, dice, habla, y los comen con sus comentarios que ponen al descubierto su deshonestidad, nepotismo y faltas graves a la ética, honorabilidad, decencia y más valores, en aras de haberse convertido en “nuevos ricos”.
Pero, ¿Y eso en qué nos beneficia? Hemos padecido administraciones en las que las constructoras afines o allegadas se ha convertido en una auténtica mina de oro, o que son el conducto para hacer obra no licitada ni convocada como marca la ley.
Vemos a diario gente que andaba en carro normal, ahora en lujosas camionetas oficiales con guardias y más, con cargo al erario, y nos seguimos preguntando qué sucederá con ellos, porque estamos acostumbrados a descubrir esos casos, esas personas, a señalarlos siempre y cuando sea en privado, y a no hacer nada.
Tenemos un Congreso que no está cumpliendo con su función, suponemos, porque ningún diputado –incluyendo una falsa “oposición”- ha solicitado una revisión exhaustiva a las cuentas públicas de todo nivel, y han solapado los excesos, convirtiéndose en cómplices de quienes han saqueado a la entidad.
Hemos visto una fotografía en Facebook donde Calderón y Fox aparecen, y la gente se cuestiona que si bien es cierto que se tuvo un tiempo de alternancia, ¿A quién metieron a la cárcel por ladrón ellos, que tanto pregonaron un cambio?
A lo que vamos, es que no sucede nada. Con la tesis motivo del tema principal del país, no sucederá nada porque no tenemos energía y carácter para actuar.
Como no sucedió con los que vendieron la casita aquella, o los que se beneficiaron al construir –muy mal por cierto- tantas obras de muchos millones de pesos.
Y es cuando pensamos que se debiera dignificar el Congreso, local y federal, y que los que ahí bien cobran podrían hacer un esfuerzo por vigilar lo que es de todos, y que ha sido motivo de saqueo.
Vigilar los montos y destino del dinero, y vigilar los auto-homenajes que han estado a la orden del día, obligándonos a rendir tributo a quienes no tienen los méritos ciudadanos, pero sí la cercanía necesaria.
Vemos calles que tienen nombres de vividores campesinos, de líderes de un sector priísta cuyo único mérito fue ser dirigentes, y por eso, el honor de que una calle lleve su nombre.
¡Por favor! ¿A qué estamos jugando?
Si revisamos la historia, ni Juan Báez, Perfecto Solís y muchos más tuvieron una destacada participación en la vida productiva de la entidad como para que haya calles con su nombre.
Habría que ser congruentes en el Congreso, y propiciar que cambie la nomenclatura de las calles.
Y que se les pongan nombres de gente honorable, cuya labor trascendió realmente.
Y no solo amigos, cuates y parientes. Eso no vale, y es tan indigno como lo otro, suponemos. Como que deben nuestros diputados dejar de ser comparsa únicamente.
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