Gobierno austero

Algunos agoreros del desastre y las malas noticias dijeron el fin de semana: “¿Qué les costaba hacerlo así?”, cuando Fernando Méndez Cantú llevó a cabo la ceremonia en la que rindió el tercer informe de la administración municipal.
En la casa del Ayuntamiento: el viejo y tradicional edificio de la avenida Francisco I. Madero, nuestro “diecisiete”, y ante las personas que debieron estar ahí, sin invitados de honor, especiales o algo que significara gasto de más.
Cierto, la situación no estaba para gastos, ya que padecemos de unas administraciones quebradas, en bancarrota, que no tienen más que deudas, pero Méndez Cantú fue congruente con el compromiso que hizo al tomar protesta como alcalde sustituto.
El caso es que se dio cuenta de las acciones municipales, y también hubo eco en otros ámbitos: en el Comité Directivo Estatal del Partido Acción Nacional cambiaron dirigencia sin aspavientos ni pomposas ceremonias versallescas, emulando aquellas coronaciones reales, dignas de cualquier otro candidato que gastó miles de pesos –millones- en forma por demás irresponsable, tratando de hacer de una ceremonia obligatoria un acto virreinal.
Y aunque no las hemos visto, ya circulan las invitaciones para la toma de protesta del gobernador Francisco Javier García Cabeza de Vaca, en el mismo Congreso del Estado, es decir, nada de ceremonias ostentosas ni multimillonarias en costos, que, por cierto, muchas de éstas fueron producto de un gasto determinado que se facturó por mucho, pero mucho más, cuestión de que los contralores lo chequen.
Parece que hay cambios en este tipo de acciones gubernamentales. La verdad es positivo pensar que el mandatario o el alcalde, el diputado o quien sea servidor público haga una ceremonia lógica, congruente con los tiempos que vivimos, y se deje de gastar inútilmente en esas alfombras rojas de la política.
Ya no estamos para estas cosas, la verdad: no hay dinero para muchas cosas básicas; vemos con profunda tristeza que le presupuesto para 2017 del gobierno federal considera disminución en el gasto de educación y salud, y es cuando suponemos que debieron dejar de comprar un avión tan caro, o gastar tantos millones en televisión y una propaganda inútil que nadie cree, para aplicarlo a la formación académica de nuestros hijos, o la conservación y preservación de la salud de los mexicanos.
Los tiempos de austeridad no significan gobernar con un populismo extremo al estilo de aquel que en su viejo Tsuru hizo ver a México que no era más que un humilde vividor de la política. No se trata de eso, pero tampoco de irse al otro extremo.
Queremos que el dinero de todos no se disponga como si fuera propio, y que se invierta en lo que sea necesario para los muchos mexicano sy tamaulipecos, pero que no se derroche en forma insultante, que no haya trafiques con las constructoras o componendas con alguna otra autoridad.
Queremos que haya orden, porque es necesario en el México que nos ga tocado vivir, que exista ese orden y limpieza en el procedimiento de gobernar de estos tiempos.
Ha llegado el momento en que no podemos más que bien administrar los dineros del pueblo.
El gobernador García Cabeza de Vaca ha destinado para esa área el nombramiento de una persona cuya capacidad está conocida por todos, y que seguramente hará buen uso de las decisiones gubernamentales, que deberán ser consensadas y aprobadas de acuerdo a nuestro interés colectivo.
Es satisfactorio leer estas cosas, y más lo será cuando veamos que sun una agradable realidad, donde nuestros recursos estarán bien destinados, sobre todo, en salud y educción, que hoy en día están tan abandonadas.