Cuestión de segundos…

No cabe duda que la vida de una persona puede cambiar en cuestión de segundos.
La anterior reflexión, más vieja que nada, viene a colación por el accidente automovilístico de un muy buen amigo en días pasados, en donde prácticamente su vehículo quedó destrozado, aunque, a decir verdad, da gusto que pese al tremendo daño material él salió solamente con un pequeño golpe que no amerita ni aparato ortopédico, ni hospitalización. Menos otra cosa más.
Y es que en fracción de segundos, a cualquiera nos puede suceder: nadie somos tan diestros y expertos en el volante como para evitar todos los accidentes a nuestro paso.
Tristemente vemos todos los días cientos de personas de todo tipo de estrato social, cultural, actividad y profesión, que manejan con un celular en mano, y muchos hasta cara de expertos llevan cuando alguien les hace una señal con el claxon o cuando se cierran imprudentemente y aún así se sienten ofendidos.
Insistimos: nadie es tan experto como para evitar un accidente.
Hemos visto casos de gente que tiene participación en siniestros de este tipo que iba bien, pero ha sido alcanzada por un imprudente, un inexperto o una persona que maneja sin llevar sus facultades al cien por ciento, es decir, alcoholizado, embrutecido por drogas, o con la atención perdida en su novio o novia.
No merece nadie pagar las consecuencias de nuestros errores.
Si ya de pro sí es difícil manejar en cualquier parte del mundo porque estamos expuestos a inconvenientes varios, más grave es cuando no ponemos la atención necesaria.
En una ocasión el secretario de Salud, Norberto Treviño García Manzo hizo un llamado a la ciudadanía en este sentido, y comentó que las estadísticas de muertes por accidentes vehiculares han crecido, pero más grave aún, que muchos de éstos son ocasionados por esos conductores que llevan en la mano su móvil, su celular, o sea, su arma de la muerte.
Se cuestionaba el secretario Treviño si podríamos hacer conciencia, y hacía un llamado a las autoridades de tránsito, no de Victoria sino del estado entero, para que colaboren a disminuir estos incidentes, procurando infraccionar a todo cuanto haga uso del celular al volante.
Si, hay mucha gente poderosa o que se siente poderosa que maneja así y regañan a la autoridad: los amenazan con cesarlos y más, pero definitivamente, en este rubro, suponemos que no debe haber contemplaciones, porque está en juego la vida de muchos inocentes.
Decía otro amigo que los que manejan ebr4ios, como locos o más “es su problema si quieren matarse”, sin embargo, se le comentaba que el problema es que muchas veces no se van solos: se llevan la vida de otros o el patrimonio de alguien cuyos esfuerzos estaban reflejados en su unidad motriz.
No es justo, y algo hay que hacer.
Por lo pronto, comenzar en casa con nosotros mismos y los nuestros: exigir –sí, EXIGIR- a nuestros hijos que no manejen con el celular en uso: no hay asunto tan importante que no pueda esperar los 5, 10 o 20 minutos de trayecto a nuestro destino. ¡Vaya! No somos tan importantes como para que el mundo se pare por una llamada nuestra.
Así que, la labor es de todos: autoridades, padres, ciudadanos en general, estudiantes, y todo cuanto tenga que ver con los vehículos, pero también los que caminan sin ver al frente con su celular entre las manos.
Consideremos que ha sido un invento maravilloso que nos permite comunicarnos y tener, prácticamente, el mundo en nuestras manos, y la información que queramos.
No lo convirtamos en la más grande y peligrosa arma mortal para el ser humano, por favor.
Comentarios: [email protected]