Las medidas que está tomando el gobierno de Tamaulipas respecto a su situación financiera son como la penicilina u otro antibiótico, que duele mucho cuando se aplica, y puede dejar molestias por un tiempo, pero al final, encontrará la cura. Así sucede con el estado que ha recibido el gobernador Francisco García Cabeza de Vaca.
No es fácil adaptarse cuando se recibe un aparato gubernamental con un déficit de más de mil millones de pesos y la incertidumbre de en qué se gastaron tantos recursos, cuyo destino sigue siendo una interrogante que la mayoría de los tamaulipecos, aunque sospechamos, nos preguntamos y esperamos una verdad sincera y comprobada de lo que ha sucedido, para que se tomen las medidas necesarias, en caso de que se tenga disposición de recuperar el dinero de todos que ha sido malamente gastado en aspectos personales.
Sin embargo, hay que invertir en productividad, salud, educación y otros rubros como infraestructura y promoción turística y comercial, sin olvidar algo determinante que es el de qué vivirán los tamaulipecos involucrados con las tareas gubernamentales, es decir, los salarios de quienes se encuentran en las nóminas oficiales de siempre.
Sin revanchismos estúpidos o incongruentes, es importante que la autoridad garantice, como lo ha dicho ya el mandatario tamaulipeco, que quienes tienen un puesto laboral sigan teniendo su ingreso económico, porque el hecho de que falten más de mil millones no quiere decir que se quedarán sin comer o enfrentar sus compromisos quienes son burócratas estatales. No es por ahí, y quien piense que hay que echar a todos ellos por haber trabajado con un gobierno o varios, de filiación priísta, está muy equivocado.
Don Manuel Mejía siempre defendía la nómina y decía al patrón “podemos negociar las deudas, pero el ingreso de los que colaboran con nosotros es sagrado, intocable”, ya sí lo manejó durante su tiempo como administrador.
Hay que eficientar el gasto, ver la manera de obtener más ingresos pero no a costa de los ciudadanos que ya estamos muy castigados por las medidas del gobierno federal que nos ha incrementado todo a cambio de salarios poco dignos. Hay que buscar que el dinero alcance y, lo mejor de todo, hay que propiciar que realmente se gaste en cosas que beneficien a los tamaulipecos. La promoción turística implica el ingreso de muchos pesos a la entidad, o la promoción industrial puede significar más fuentes de empleo, por poner algunos ejemplos.
En ese sentido, el gobernador ha planteado la disminución gradual de la tenencia, pero hay que ser claros: no ha prometido que la quitará mañana: es una intención para colaborar en la economía de todos, pero hay que ver qué proyectos se tienen para que lo anterior pueda ser una realidad, toda vez que es un ingreso para el estado muy significativo.
En primera instancia, se hace un diagnóstico de lo que se ha recibido y las condiciones en que se llevó a cabo la entrega, para determinar las acciones, que bien pudieran llegar a imitar a los gobiernos de Veracruz o Sonora, por poner ejemplos; luego, con lo que se tenga, saber a donde se dirigirá el recurso y en qué porcentajes, para que alcance para todo y para todos, en la medida que haya posibilidades.
El mandatario no es mago ni tiene la olla del Arco Iris: es un gobernante que tiene un equipo de trabajo conformado por especialistas en diversas áreas, y que su compromiso es rendir buenas cuentas de los recursos de todos. Es humano y está haciendo lo posible, pero hay que dejarle trabajar, exigiendo diligencia, honestidad y el talento necesario para que nuestro poco dinero pueda rendir mejor.
Y agregaríamos: no solo respetar las nóminas: dignificar los empleos en el estado para que la gente no tenga que andar de un trabajo a otro: pagar bien y exigir tiempo completo y compromiso total, pero para ello, hay que garantizar que vivan dignamente los que trabajan.