Algunas personas, inconscientes de lo que comentan probablemente, han criticado fuertemente las acciones que en la capital de Tamaulipas se llevan a cabo con operativos en los que participan autoridades militares y civiles, en aras de devolver una legalidad perdida hace lustros: los vehículos que transitan, y las condiciones en que lo hacemos los victorenses.
No es comprensible que la gente se oponga a que haya orden: en ese sentido, entendemos que hay quien no cumple con los requisitos solicitados, pero también entendemos que no se les permita disfrutar de los beneficios o derechos de los que sí han hecho un esfuerzo por ello.
El ejemplo más clásico y que estorba: el trámite de las Visas para visitar Estados Unidos: la gente sale del Consulado como si se hubiera sacado la lotería cuando le dicen que sí es susceptible al permiso para pasar al vecino país, cuando lo único que han hecho es cumplir TOTALMENTE con los requisitos establecidos.
Si detienen automóviles porque los conducen menores de edad, gente sin licencia o ciudadanos en estado de ebriedad, es una acción totalmente legal, dentro de los ordenamientos que dan forma a nuestra sociedad, y no hay pretexto para alegar lo anterior: si no se puede cumplir con lo que se pide, no se circula ilegalmente. Así de claro.
Si no tiene placas oficiales no está legal; si sus placas son de otros tiempos, también es ilegal, y si es auto americano con “cartones” de esas centrales de gestión de vehículos para “nacionalizarlos”, también es ilegal. Los ordenamientos tienen estipulados los requisitos para circular, y hay que aceptarlos… o dejar de hacerlo y utilizar el transporte urbano o caminar. Es sencillo, no se requiere mucho intelecto para saber que hay una ley y se debe respetar.
Otros critican que los operativos son para “ciertos” vehículos, argumentando que la autoridad se basa en detener al “jodido” y no al “rico” que puede tener “camionetonas” o “muebles de lujo”, tal y como lo escriben en redes sociales.
Entendamos: no se puede detener, en un operativo, a todos los carros que circulan, ya que se provocaría un caos vial de proporciones inimaginables. Los elementos de seguridad lo llevan a cabo en forma aleatoria, y si usted está en orden, si tiene licencia, placas, circula con cinturón de seguridad, tiene seguro, no excede la velocidad, ¿a qué le teme?
No se trata de disculpar a nadie, pero tenemos que aprender a respetar las leyes.
El “nomás tantito” en los que se estacionan en dos o tres y hasta cuatro filas, el “”no me tardo” de las señoras que obstruyen la calle, o el ver a un inconsciente con las luces de estacionamiento -“flashers”- encendidas, pensando que por el hecho de prenderlas se vuelve invisible y ya no estorba, deben terminar.
Aunque a muchos nos pese, nos afecte, debemos entender que la autoridad quiere que vivamos dentro de la ley todos, y para ello, justificar a los que no cumplen no es bueno, y tampoco condenar a los que tratan de hacer cumplir las reglas.
Con los “vientos de cambio” aseguramos que íbamos a vivir mejor, y dimos un esperanzador voto de confianza a la autoridad; ¿por qué ahora se lo retiramos? ¿Porque transitamos ilegalmente? Si queremos orden, que sea para todos.
Y en ese tenor, habrá que estar pendientes de nuestro pago de impuestos de cualquier tipo que tengamos que hacer, para, entonces, poder ver a la cara a quien nos gobierna y exigirle que cumpla como prometió.
Porque, de otra manera, suponemos que no tendríamos cara para exigirle que nos permitan vivir mejor, en paz y en un estado de legalidad que envidiaría cualquiera, y que se disfruta en países del primer mundo.
No pensemos que son arbitrarios, que son abusivos: pensemos que debemos estar en orden, y no justifiquemos con un “¿por qué a esos no?” . Ocupémonos de cumplir, antes de exigir, y entonces, sí, tendremos un mejor estado y una mejor sociedad.
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