Con el desarrollo de las Tecnologías de la Información, conocidas como TIC, ha surgido una serie de opciones para el aprendizaje, que ha se llevan a cabo en algunas instituciones educativas, permitiendo que los jóvenes estudiantes tengan acceso a otras formas de allegarse el conocimiento, interactuar y otras cosas que resultan en un gran beneficio para los sistemas educativos, la formación académica y profesional de nuestros tamaulipecos y mexicanos, según el caso.
Es así que vemos muchas veces que los jóvenes no dejan de utilizar su teléfono móvil en el salón de clase, aunque la mayoría, y hay que reconocer la realidad, está en redes sociales divagando o haciendo todo menos estar en clases.
Sin embargo, se puede aprovechar este tipo de tecnologías para mejorar los sistemas educativos, y por consiguiente, la formación profesional, pero… ¿por qué no aplicarlo a la salud?
El sistema sanitario mexicano –y Tamaulipas no es la excepción- sufre un estrangulamiento ante el avasallador crecimiento de las enfermedades crónico degenerativas en la población, y el cambio tan brusco que se ha presentado en la llamada “pirámide poblacional”: a más viejos, más problemas crónicos que, a decir verdad, cuestan mucho dinero y no hay forma de hacerles frente con atingencia, con diligente efectividad por razones que tienen que ver con la infraestructura material y humana, con el dinero y con las situaciones geográficas, entre muchos otros rubros que se deben revisar.
Y las TIC pueden ofrecernos buenas opciones; ya en una ocasión el doctor Vicente Joel Hernández Navarro presentó ante funcionarios de la Secretaría de Salud un sistema que permitía la atención a mujeres con embarazo en desarrollo a distancia, mediante uso de redes sociales.
Un proyecto altamente interesante y efectivo, actual y por qué no decirlo, que sustituye en muchas ocasiones la visita al Centro de Salud, con el médico y ahorra tiempo cuando se requiere una intervención adecuada.
El doctor Hernández Navarro presentó una maravillosa herramienta que, entendemos, debe aplicarse a otros rubros como son las enfermedades crónico degenerativas, y otros padecimientos que hacen mella en la población, y en el presupuesto de la Secretaría de Salud.
Lo hemos repetido muchas veces: no hay dinero que alcance para cubrir la demanda, y la mejor herramienta que se debe desarrollar es la prevención: la medicina preventiva es la mejor arma, la más adecuada y la que menos problemas ocasiona a nuestras familias, ahorrándonos tiempo, dinero y muchos malos ratos.
Y las TIC pueden ser una verdadera opción.
Imaginemos que la información adecuada llega por Whats App, o Facebook: que los consejos –o tips- nos son ofrecidos vía Twitter, y otros recursos se comienzan a desarrollar.
Requiere menos personal aunque más capacitado, requiere menos infraestructura, aunque más aplicada, y requiere que todos los pobladores sepamos que existen estos recursos y aprovecharlos para tener, finalmente, una mejor calidad de vida.
Entendamos que cuando nosotros estamos bien de salud, los primeros beneficiados somos nosotros mismos, y en ese sentido, no solo ahorramos a la Secretaría de Salud gasto en recursos para atención, sino que nos ahorramos malos ratos, recursos y preocupaciones.
No podemos dejar a un lado la idea de que, cuando estamos mucho mejor en aspectos sanitarios y de salud en general, quienes se benefician en primera instancia somos nosotros y nuestros seres queridos.
Y “de ahí p’al real”: lo que viene, resulta en una mejor calidad de vida, pero tenemos que participar activamente todos.
Y ahí, la autoridad sanitaria debe comenzar una estrategia ambiciosa y agresiva que le permita dar mayor servicio, mayor calidad, mejores resultados y menos gasto. Se puede, pero hay que trabajar en equipo.