La Ley de Herodes

La detención y posterior liberación del abogado y notario público, Fernando Miranda Macías, por falta de elementos de prueba que comprobaran el presunto delito que se le imputó, deja en claro ante la opinión pública, que en este país y en particular en esta ciudad, cualquier ciudadano es culpable de cualquier delito… hasta que se demuestre lo contrario.
Con este axioma legaloide, que se supone ya no debe existir desde el momento en que el Nuevo Código de Procedimientos Penales fue reformado, se demuestra que la Ley y sus preceptos solo sirven para quienes tienen poder y dinero, y en este caso se trató de perjudicar a un hombre que sabía de dicha denuncia, pero que también confió en la Ley y en quienes la aplican, pero que violaron a cambio tal vez, de dinero y de favores de probables funcionarios de la anterior administración municipal.
Bajo artimañas legales, la juez Carmen Serna, en acato a una denuncia presentada ante el Ministerio Público, liberó en forma extra rápida la orden de aprehensión en contra de este notable jurista, lo que fue festinado sin duda alguna por ex funcionarios de la administración encabezada por Carlos Cantúrosas.
Como estaría de chueca esta maniobra y conspiración en contra de Miranda, ya que la denuncia no fue solo contra él, sino también contra los dos síndicos de la administración 2011-2013, Félix Alemán y José Trinidad Vázquez, a quienes no se les molestó.
A Félix porque en caso de ser detenido, toda la CTM se hubiera movilizado a su favor y destaparía este acto de corrupción y de maniobras extra judiciales, y un escándalo mayor no convenía, aunque ignoro los motivos por los que no se detuvo también al primer síndico José Trinidad.
Quienes conocemos a Fernando Miranda no dudamos que saldría libre antes de vencer el término legal para demostrar su inocencia, es decir antes de delas 72 horas, y así fue, salió de donde nunca debió ingresar, pero lo importante de este caso es que el abogado ingresó limpio y salió igual, aunque dejó como precedente que las autoridades judiciales deben tener muy en cuenta que la Ley cuando se aplica bajo intereses ajenos, se puede revertir en contra de quienes la utilizan para su beneficio o para perjudicar a inocentes.
¿Qué es lo que ocurrirá ahora? Que la ley no debe estar a favor del dinero ni del poder; que el gobernador del Estado, Francisco García Cabeza de Vaca, debe estar atento a que en Tamaulipas no se violen los derechos civiles y humanos de las personas, y, sobre todo, que cuando la Ley se aplique en acato a intereses mezquinos, también se aplique contra jueces, ministerios públicos, abogados , funcionario y servidores públicos que merquen a través del dinero y del poder, con la dignidad e inocencia de las personas.
Pero en este caso no cabe la venganza, no; ni tampoco la Ley del Talión. Solo que la Ley deberá ser pareja para todos, y que quienes obraron mal, que paguen por su desacato a la legalidad; es cuestión solo de tiempo, ya veremos.

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Ayer fue organizada en el Centro Cívico la mal llamada Expo Empleo 2016, un evento que dos o tres veces por año se realiza en la ciudad, pero con resultados poco confiables, ya que quienes acuden es un ejército no solo de desempleados, sino de jóvenes estudiantes y profesionistas que no se han colocado por ausencia de oportunidades reales que les permitan ejercer sus profesiones o alcanzar sus ambiciones y anhelos laborales.
Con ello no quiero decir que no haya trabajo; sí lo hay, solo que es de muy pero muy baja calidad. Es decir, que las empresas que existen en la ciudad ya tienen ocupadas casi en su totalidad las mejores plazas y los mejores cargos, los mejor pagados, por lo que en este tipo de eventos ofrecen los peores y en ocasiones más denigrantes empleos, debido a una abrumante rotación interna en dichas empresas, motivadas precisamente por los bajos salarios que pagan.
Un estudiante o un recién egresado que no se coloca de inmediato al salir de la universidad, acepta uno de estos trabajos mientras encuentra uno mejor, y al encontrarlo renuncia a los dos o más meses, dejando esa vacante que es ocupada por alguien bajo las mismas motivaciones.
Es por eso que en este tipo de eventos siempre vemos a jóvenes desesperados con edades de entre 18 y 35 años, es decir, la etapa más productiva de la vida, y quienes lamentablemente llegan frustrados a buscar empleo, y salen más frustrados al encontrar uno que echa al suelo sus estudios, su preparación académica y sus capacidades.
Entonces, bajos esa perspectiva muchos de ellos se preguntan: ¿Para qué diablos sirve estudiar tantos años si vamos a terminar como operarios, empleados de almacén o, en el mejor de los casos, como capturistas?
Ese es el gran dilema que aún no ha sido resuelto por el sistema educativo y laboral de México, un país con una enorme desigualdad social, con 50 millones de pobres sumidos en la casi desesperación, la mitad de ellos pertenecientes a comunidades rurales, y la otra mitad cobijados por lo más lumpen de la sociedad y convertidos en marginales funcionales, pero todos orillados al sacrificio social, mientras unos cuantos, políticos y empresarios, gozan la gran vida robando la riqueza al país, como los grandes intocables que se burlan de la miseria que ellos mismos han creado.
“¿La solución? Que la riqueza que se genera en el país sea más equitativa, que el poder se ejerza para la búsqueda de más y mejores oportunidades laborales, que la toma de decisiones sea más democráticapara que participe el pueblo en ellas y, sobre todo, que se acabe con la impunidad de políticos que se enriquecen con el erario público, dinero que debe ser destinado a la creación de programas de bienestar social más eficientes y menos burocráticos.
Ello, para que ya no sean creados más Duartes, más Moreiras, más Yunes, más Padrés, más Yarrington, ni más Anayas, ni más presidentes de la República ineptos y agachones, ni más presidentes municipales ni diputados, ni senadores, que hacen poco en sus Cámaras, ya que solo piensan en aumentarse el salario porque no les alcanzan esos miserables 75 mil pesos mensuales para los locales, y 129 mil para los federales.
Pero aclaro, esta reflexión es solo un sueño o lo más cercano a una utopía. Porque lo que nos cuentan nuestros políticos que tienen resuelta económicamente la vida de tres o cinco generaciones familiares, es solo una realidad virtual que existe en su imaginación.
Ya Ortega y Gasset lo decía en su libro ‘La Rebelión de las Masas’, que la inseguridad económica lleva a la inseguridad social, pero que con el tiempo dicha sensación insensibiliza a la misma sociedad, y le impide tomar el camino de la protesta, tal vez motivada por la ausencia de valores y de una ideología motivadoras, por lo que se sumen en lo que la misma sociedad ha creado, que es la masa.