Qué difícil es el manejo de recursos económicos, más, cuando son muchos y se tienen que distribuir en diversos rubros.
Si a veces en casa, cuando tenemos el sueldo y las necesidades de servicio –agua, luz, teléfono, cable, gas, predial y más- nos abruman, sin contar lo que se gasta en alimentos, ropa, atención médica, educación y un sinnúmero de aspectos que tenemos que considerar.
Y así podemos pensar que cuando tenemos que manejar en un comercio, la responsabilidad es mayor; en una empresa o centro comercial crece la misma y así, sucesivamente, hasta llegar a la forma en que se deben manejar los recursos e otros, como es el caso de los gobiernos que en los últimos meses nos han asustado por la forma insultante en que desviaron recursos, no solo en Tamaulipas, sino en otros estados donde la justicia ya parece que anda caminando, o al menos, con la encarcelación de uno de los ex gobernadores se ha avanzado un poco –muy poco- en aras de que la gente esté tranquila y confíe en sus autoridades.
Ese es el encanto que tiene ser un buen tesorero. Llámele de la forma que quiera de acuerdo a su ego, a sus pretensiones, pero sigue siendo el de los billetes, el que paga y el que reparte y distribuye.
Y en esas responsabilidades debe existir gente realmente confiable y que sepa “estirar” cada peso que llega y se gasta.
No concebimos, por ejemplo, la burla de que fue objeto el comercio organizado tamaulipeco cuando la administración les dijo que como ya se iban, no había para pagar cientos de millones de pesos de deudas contraídas al adquirir bienes y servicios necesarios. Nos parece una irresponsabilidad enorme, y que debería castigarse muy severamente.
¡Vaya! Es como si usted ganara 10 pesos al mes y tuviera gastos por 15, y además, pidiera créditos por otros 5; la suma no nos ofrece un buen panorama, y no es justo dejar cosas a medias por haber gastado de más, inadecuadamente… o haberse robado el dinero.
A los ciudadanos de a pie –así decimos a los que no somos parte del engranaje oficial- nos preocupa eso y mucho: vemos obras que no sirvieron para nada, y que únicamente engordaron los bolsillos de algunos constructores afines a los sucios manejos, o por el contrario, sufrimos la falta de recursos en rubros fundamentales, y pensamos entonces que si no hay un buen sistema tributario, algo debería cambiar porque los demás no tienen por qué pagar nuestra falta d organización y capacidad.
Y también esperamos que el gobierno del cambio lleve a cabo la consigna que prometió a muchos votantes: hacer una minuciosa revisión y ajustar las cuentas con quien se deba hacer.
No importa quien sea el encargado o responsable: lo que queremos es sentir realmente que se está cuidando nuestro dinero, y que no se gasta en lujos y tonterías mesiánicas como las que en exceso vivimos por años.
Administrar bien el uso de muebles oficiales es una buena opción: que dejen de utilizarlos como propios y dejen de ser transporte escolar y de familia, que haya orden al pedir recursos y que la gente los utilice de buena manera, sin desperdicios, aunque también sin miserias: que tenga todo mundo lo necesario para hacer su trabajo sin sacrificar nada.
Y esa es la consigna de la ciudadanía: en términos generales, los tamaulipecos pedimos un gobierno adecuado para nuestro entorno y realidad, y queremos limpieza en los procedimientos, por eso hemos exigido que a los que nos saquearon los llamen a cuentas, que dejen los lujos. Nadie necesita oficinas con materiales y muebles costosos: con que estén limpias y adecuadas se tiene.
El dinero ajeno cuando se desvía hace mucho ruido, decía un buen amigo, y es tiempo que tengamos confianza en nuestros tesoreros y sepamos que se gasta y bien, pero en forma adecuada.
Y por favor, que no se burlen más de los que confiaron en el gobierno y le otorgaron crédito: que les paguen inmediatamente, porque es dinero de ellos.
Para los ciudadanos de la capital tamaulipeca