Pocas son las plumas que han abordado el tema sobre los hechos universitarios que acontecen en el Campus Victoria y que no son otra cosa más que consecuencia de tiempos pasados que se relacionan con el poder y lo que a ello atañe.
La destitución como empleado de la universidad del Mtro. José Amparo Vargas Martínez y por tanto de quedar sin efectos el nombramiento por elección deldirector de la Facultad de Trabajo Social, no es otra cosa más que consecuencia de la lucha política empezada sin causa aparente.
El rompimiento de la relación laboral de la UAT con Vargas Martínez, no obedece a otra cosa, más que política. Es un tema que inicia como una bola de nieve que sigue creciendo, pero que pocos saben cómo realmente empezó y su protagónico principal es Gonzalo Hernández Flores.
El Lic. en Trabajo Social, Hernández Flores, es producto político del entonces líder de aquella facultad, el Lic. Enrique de Garza Ferrer, quien lo llevó a las urnas y lo hizo ganar en la elección para director.
Sentado en la Silla del Poder de la facultad, en poco tiempo Hernández Flores rompió todo tipo de relaciones políticas con cualquier líder que lo impulsó a lograr su objetivo. Eran tiempos de Humberto Filizola Haces como Rector, quien por cierto le nombró como Director de Escolares.
El poder político de Gonzalo Hernández aumentó, por lo que promovió la candidatura sin problemas para la dirección de la Facultad a Irma Esperanza Ibarra Flores, mientras dio la bienvenida como Rector a Jesús Lavín Santos Del Prado.
Durante el interinato y los dos periodos como Rector del reynosense, José Ma. ‘Chema’ Leal Gutiérrez,Hernández se mantuvo y hasta incrementó su poder político, al grado que la asunción en la Rectoría de Carlos Enrique Etienne Pérez del Río provocó que la por Estatuto Orgánico de la UAT, la Dirección de Escolares que seguía presidiendo, dependiera del Rector y no de la Secretaría Académica.
Al iniciar su gestión como Rector, Enrique Etienne sugirió la elección de directores de facultades y unidades académicas que estuvieran ‘pasaditos’ en tiempo y se convocara a elecciones, por lo que una de las primeras elecciones fue precisamente la de Trabajo Social.
Dejó el cargo Ibarra Flores y se ‘eligió’ a su esposo, José Amparo Vargas, por lo que la saliente directora fue nombrada por el Rector Etienne, directora de Valores UAT, teniendo como jefe inmediato al Lic. José David Vallejo Manzur, Secretario de Extensión y Vinculación.
En estos casi tres años de rectorado del tampiqueño Etienne, algo sucedió en las relaciones con Hernández Flores y el primer escándalo público en esta relación fue la renuncia de Irma Esperanza Ibarra como directora de Valores. Escándalo en el que se vio inmiscuido su jefe inmediato, David Vallejo.
‘Apagado el fuego’ parecía todo normal, pero los golpes por debajo de la mesa continuaban, hasta que se da la destitución de Gonzalo Hernández Flores como Director de Escolares, para que ‘regrese’ como profesor a la Facultad de Trabajo Social.
Quizá si en ese momento el rector Etienne Pérez del Río, hubiese procedido como lo hizo con José Amparo Vargas Martínez, otro panorama se habría presentado, porque entonces los dados estaban cargados para un solo lado.
El depuesto Gonzalo Hernández Flores, como repuesta a la luz pública hizo su preferencia electoral de ese momento, no tanto partidista, sino con la que así convino a sus intereses y hacia ese lado electoral llevó a los estudiantes y maestros de la facultad.
‘Radio pasillo’ corrió muchas versiones, entre las ‘aspiraciones de Gonzalo para llegar a la rectoría’… ‘el ofrecimiento para Gonzalo del candidato… del gobernador electo… del gobernador en funciones…”
La realidad ahora la viven los estudiantes de las tres licenciaturas y postgrados que ahí se importen: Trabajo Social, Nutrición y Psicología: En la oficina de la dirección sigue José Amparo Vargas despachando como director, solo que ningún documento que firme tendrá validez ni para la universidad ni para alguna dependencia.
Otra realidad es que esta semana la universidad ya no tiene alumnos, esta semana es de trabajo administrativo y están a punto de cerrar por periodo vacacional de invierno.
¿Cómo la ve?
No sé quién es el autor del siguiente texto, pero le agradezco
LA SEXALESCENCIA.
Si miramos con cuidado podemos detectar la aparición de una franja social que antes no pudimos percatarla, pero aparece entre la gente que hoy tiene alrededor de sesenta años y otras edades, anteriores o posteriores.
Los sexalescentes pertenecen a una generación que ha echado fuera del idioma la palabra “sexagenario”, porque sencillamente no tiene entre sus planes actuales la posibilidad de envejecer.
Se trata de una verdadera novedad demográfica parecida a la aparición en su momento, de la “adolescencia”, que también fue una franja social nueva que surgió a mediados del S. XX para dar identidad a una masa de niños desbordados, en cuerpos creciditos, que no sabían hasta entonces dónde meterse, ni cómo vestirse.
Este nuevo grupo humano que hoy ronda los sesenta o setenta, ha llevado una vida razonablemente satisfactoria.
Son hombres y mujeres independientes que trabajan desde hace mucho tiempo y han logrado cambiar el significado tétrico que tanta literatura latinoamericana le dio durante décadas al concepto del trabajo. Lejos de las tristes oficinas, muchos de ellos buscaron y encontraron hace mucho la actividad que más le gustaba y se ganan la vida con eso. Supuestamente debe ser por esto que se sienten plenos; algunos ni sueñan con jubilarse. Los que ya se han jubilado disfrutan con plenitud de cada uno de sus días sin temores al ocio o a la soledad, crecen desde adentro. Disfrutan el ocio, porque después de años de trabajo, crianza de hijos, carencias, desvelos y sucesos fortuitos bien vale mirar el mar con la mente vacía o ver volar una paloma desde el 5º piso del departamento.
Dentro de ese universo de personas saludables, curiosas y activas, la mujer tiene un papel rutilante. Ella trae décadas de experiencia de hacer su voluntad, cuando sus madres habían sido educadas a obedecer y ahora pueden ocupar lugares en la sociedad que sus madres ni habrían soñado en ocupar.
Esta mujer sexalescente pudo sobrevivir a la borrachera de poder que le dio el feminismo de los 60′, en aquellos momentos de su juventud en los que los cambios eran tantos, pudo detenerse a reflexionar qué quería en realidad.
Algunas se fueron a vivir solas, otras estudiaron carreras que siempre habían sido exclusivamente masculinas, algunas estudiaron una carrera universitaria junto con la de sus hijos, otras eligieron tener hijos a temprana edad, fueron periodistas, atletas o crearon su propio “YO, S.A.”. Este tipo de mujeres nacidas en los 50s. no son ni por equivocación las clásicas “suegras” que quieren que los hij/as les estén llamando todos los días, porque ellas tienen su propia vida y ya no viven a través de la vida de los hijos. Su camino no ha sido fácil y todavía lo van diseñando cotidianamente.
Pero algunas cosas ya pueden darse por sabidas, por ejemplo que no son personas detenidas en el tiempo; la gente de “sesenta o setenta””, hombres y mujeres, maneja la compu como si lo hubiera hecho toda la vida. Se escriben, y se ven, con los hijos que están lejos y hasta se olvidan del viejo teléfono para contactar a sus amigos y les escriben un e-mail con sus ideas y vivencias.
Por lo general están satisfechos de su estado civil y si no lo están, no se conforman y procuran cambiarlo. Raramente se deshacen en un llanto sentimental. A diferencia de los jóvenes; los sexalescentes conocen y ponderan todos los riesgos. Nadie se pone a llorar cuando pierde: sólo reflexiona, toma nota, a lo sumo… y a otra cosa.
La gente mayor comparte la devoción por la juventud y sus formas superlativas, casi insolentes de belleza, pero no se sienten en retirada. Compiten de otra forma, cultivan su propio estilo…
Ellos, los varones no envidian la apariencia de jóvenes astros del deporte, o de los que lucen un traje Armani, ni ellas, las mujeres, sueñan con tener la figura tuneada de una vedette. En lugar de eso saben de la importancia de una mirada cómplice, de una frase inteligente o de una sonrisa iluminada por la experiencia.