No cabe duda que algo está funcionando inadecuadamente en este país, y lo triste es que no nos queremos dar cuenta, o de plano, somos cómplices de esa caterva de vividores que se reúnen en un sitio llamado San Lázaro a devanear, elucubrar y cobrar mucho dinero por solapar acciones que atentan contra la ciudadanía.
Quienes vivimos con alguna enfermedad crónica sabemos lo que decimos, porque no nos acostumbramos a la idea de que nos tenemos que morir pronto y en partes.
Vamos al grano. Un padecimiento como es la diabetes mellitus requiere de muchos cuidados; a lo largo del tiempo, investigadores han desarrollado innumerables opciones de tratamiento para que estemos aguantando en condiciones aceptables. La insulina es un claro ejemplo de ello.
En el Sector Salud otorgan a derechohabientes insulina Rápida e Intermedia –NPH- para los tratamientos, sin embargo, hay otras más, muchas más que se han desarrollado y que tienen efectos muy positivos.
Los que se encargan del cuadro básico de salud no han estimado que gastar un poco más en estas insulinas difiere o evita pagos en segundo y tercer nivel, y se ahorrarían mucho dinero.
Entonces, muchos de nosotros optamos por comprar los medicamentos por nuestra cuenta, y nos encontramos con la sorpresa de que están por las nubes: caros a más no poder, y ahora se cierne la amenaza de una nueva alza en sus precios a partir del naciente 2017.
Por una parte, somos de la idea de que ese grupo de vividores podría buscar una forma en que la ley obligue a la industria farmacéutica a no sangrar tanto los bolsillos de los enfermos, y por otra, a evitar una alza tan significativa en los precios de las medicinas. No es posible pagar tanto dinero por la salud, a fuerza de ser sinceros.
Existe un medicamento para problemas cardiovasculares excelente, pero cuesta la caja 2 mil pesos ¡para un mes! Imagine el lector si pudiéramos pagarlo los que tenemos este tipo de afecciones.
Y así nos podemos ir con medicinas propias de la epilepsia, del parkinson, de hipertensión, diabetes, problemas de colesterol y triglicéridos, por citar solamente algunos.
La verdad es que las medicinas están tan inalcanzables que muchos optamos por las genéricas, de esas que se lleva uno por diez o quince pesos, pero con una eficacia igual: de diez o quince pesos, es decir: nula.
Deben exigir a los laboratorios que participan en las licitaciones del Sector Salud certificar sus contenidos. Siempre hemos tenido la idea de que muchos genéricos no tienen el porcentaje de sales que indican y nos toman el pelo de una forma mortalmente peligrosa, es decir, juegan con la salud de todos nosotros.
Y eso debería penarse muy alto.
Así que, ya esperando los aumentos del 2017, los farmacéuticos de algunos sitios están ya preparando su maquinita etiquetadora para cambiar los precios de todas sus existencias, aprovechando las alzas anunciadas y dando un empujón más a los que vivimos necesitando medicamentos, y que no tenemos forma de adquirir lo que el médico considera mejor. Hay que conformarse con las migajas que nos dan.
Este problema es nacional, y en ese sentido, somos de la idea de que hay que pugnar por una revisión exhaustiva del cuadro básico de medicamentos, y adaptarlo, no al dinero que se gasta en él, sino al ahorro que significa un tratamiento adecuado y a tiempo, con la idea, insistimos, de que una medicina cara ahorra hospitalizaciones, incapacidades y muchas defunciones.
Los legisladores federales tienen la palabra. Ojalá también tengan la iniciativa.