Nuevos retos

Qué trabajo cuesta emendar errores, corregir vicios y hacer bien las cosas de nuevo, cuando tenemos una sociedad acostumbrada al “ahí se va”, o al “así somos los mexicanos”, y un “todo mundo lo hace”. No somos capaces de permitir que las cosas caminen adecuadamente.

En cuestiones de ley, por ejemplo, criticamos a los agentes de tránsito que reciben “mordidas” y están “como perros rabiosos” en los boulevares esperando que pase alguien para cazarlo y exigirle dinero o multa, con muchos pretextos.

Sin embargo, cuando hacen los operativos para vigilar que todos estemos dentro de la ley y no nos falte licencia, placas, cinturón y más, nos enojamos y los tildamos de prepotentes y abusivos, que no tienen consideración de la clase humilde y quieren perjudicar a los que no tienen. Circular con placas americanas o de las centrales “patito” que solapan el contrabando vehicular es, si tenemos auto así, un derecho, y si no, es una violación.

El pago del predial es un abuso porque no vemos la obra pública, pero sí exigimos a la autoridad municipal que haga todo lo que debe, aunque no tenga de donde sacar dinero.

Nos estacionamos en triple o doble fila “solo un momentito”, al fin que estorbamos “poquito” y si alguien se enoja, es un neurótico que no aguanta nada, pero si nosotros vamos circulando y nos topamos con una de esas personas inconscientes, entendemos que son unos prepotentes, abusivos y conchudos que no respetan la ley.

O sea: la acomodamos de acuerdo a nuestra situación, y eso no es justo por donde se vea.

En ese sentido, vemos por un lado que el gobierno estatal quiere enmendar muchos procedimientos que se hicieron mal durante los tiempos pasados, y en aras de instrumentar adecuadamente los llamados “vientos de cambio” se han llevado a muchos por delante, entre los que han ido personas que sin deberla ni temerla padecen un gobierno, para ellos, injusto. Para los que llegan, está bien, aunque para los despedidos y los que fueron objeto de “bulling político-laboral” no es adecuado.

Y en ese sentido debe manejarse, desde nuestro punto de vista, el gobierno de Tamaulipas, y por favor, primero que cualquier cosa, que se QUITEN EL COLOR, porque nada tiene que ver ya el color político con la forma de hacer las cosas.

No nos interesa a los tamaulipecos si son azules, tricolores o amarillos: finalmente, Francisco Javier García Cabeza de Vaca debe gobernar para cada uno de los casi 3.5 millones de tamaulipecos, sin distingo de filiación o preferencia.

Si, claro, también para aquellos priístas abandonados por sus dirigentes y dejados en una orfandad abominable; para los perredistas y los “aliancistas”, para todos los que vivimos aquí. Nadie tiene derecho a quitarnos lo que hemos conquistado durante años, por el solo hecho de llegar con otro color político.

Deben entender quienes gobiernan que, al llegar a su cargo, deben dejar a un lado ese revanchismo que insulta.

Eraclio Cepeda, un gran escritor mexicano, cuando fue nombrado secretario de gobierno en Chiapas, renunció temporalmente a su partido, argumentando que no era congruente ser perredista y funcionario. Hizo una gestión positiva, y al término de ella, se incorporó a su instituto político. Ejemplo para todos, sin lugar a dudas.

A quienes no estuvieron en la campaña o alabando a los candidatos del blanquiazul se les ha marginado en todo, y la verdad no entendemos que eso pueda considerarse justicia social.

Justicia social es dar el valor que tenemos todos, y ubicarnos como lo que somos. Que se nos respete lo que tenemos y lo que hemos ganado con trabajo y esfuerzo, y no se nos etiquete con uno u otro color.

Nosotros no somos políticos, somos tamaulipecos, sin color, sin inclinaciones partidistas, somos solo tamaulipecos.

Y como tales, exigimos un trato justo y sin revanchismo.