Jóvenes diputados

La labor de un diputado está muy devaluada en nuestro país, quizá por la falta de calidad humana, profesional, intelectual, social y política de quienes cobran como tales, y un claro ejemplo lo vemos en el hecho de que hoy en día la mal llamada “clase política” está conformada por verdaderos improvisados, patanes, ladrones, sinvergüenzas, mas todo lo que usted desee agregar, sin menospreciar a los que tienen carrera política.
Veamos.
No se niega el hecho de que es bueno que como diputado esté un representante de la sociedad, pero somos de la idea de que para ejercer cualquier función dentro del tejido social hay que tener la preparación necesaria.
Bajo ese contexto, el que receta debe tener estudios de medicina, el que arregla automóviles, estudios de mecánico, el que escribe, estudios de literatura, periodismo o comunicación, y el que se dedica a ejercer como diputado, debería tener preparación de administración pública, ciencias políticas, derecho y otras cosas más.
Pero no. Tenemos a una Carmen Salinas que su único mérito es ser apadrinada por Televisa y nada de estudios, criterio o tacto político, o a un Cuauhtémoc Blanco que fue un gran goleador… y nada más.
Y en el estado de Tamaulipas, vemos a cada espécimen que, por el hecho de haber sido oposición ya le dan una “chamba” de más de 70 mil al mes, por levantar el dedo y seguir el juego a quien manda.
O a los que, amparados en sus deshonestidades han hecho una carrera política y la verdad, asquean con su forma grotesca de llevar las cosas y de pensar, si es que se puede llamar a eso.
Sin embargo, se hace un esfuerzo y recientemente el Congreso local abriuó las puertas a estudiantes de la Secundaria Técnica número 1, para que fungieran como legisladores, en una sesión académica, y en la que se presentaron y aprobaron iniciativas, obviamente, preparadas por sus profesores.
Hubiera sido lindo que los dejaran hablar y opinar sobre lo que es su realidad, y que les permitieran tomar acuerdos. Pero el ejercicio es bueno, porque los chicos se han dado cuenta de cual es la mecánica para legislar, o al menos, para estar en una sesión legislativa.
Y hay que enseñarles eso y más.
No solamente a sentarse en una curul, sino a establecer ese gran compromiso con el pueblo a quien representan, y ejercer como verdaderos voceros de una sociedad, hoy, agraviada y enojada con un sistema político ineficiente y caduco que nos da atole con el dedo en todos niveles y modos, y que no acierta a gobernar adecuadamente.
Deberían enseñarles, por ejemplo, la forma en que un títere como Guillermo Ochoa se desenvuelve con todo el cinismo existente diciendo que en su partido –PRI- son honestos, que no cabe la corrupción y que lucharán por un México mejor y más seguro; la realidad que conocemos nada tiene que ver con las alucinaciones o elucubraciones de Ochoa, y la gente sabe y se enoja, se enfurece, y da vuelo a la mejor campaña contra el PRI, orquestada por el cinismo de Ochoa y su falta de congruencia.
Nuestros niños deben aprender que, si llega alguno de ellos a ser legislador, debe pugnar por defender los derechos de la ciudadanía, buscar leyes que nos beneficien y que promuevan el desarrollo, la investigación, el bienestar social, la salud y la educación como ejes fundamentales, y la producción en todos sus rubros.
Esa debe ser la labor de los legisladores, y la verdad, tenemos mucho qué hacer para que el ciudadano de hoy en día entienda para qué cobran lo que cobran, y que justifiquen su función.
En Tamaulipas, estamos enseñando a nuestros niños lo que deben ser, si quieren que cambie realmente nuestro entorno. Ojalá lo consigamos pronto.