Carlos Raúl Alvarado Reyna es abogado, es catedrático en la Unidad Académica de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad Autónoma de Tamaulipas, tiene maestría y un cúmulo de estudios que le hacen respetable en el ámbito académico, pero en el aspecto humano es algo especial: su calidad humana no tiene duda, y quienes tenemos el honor de conocerle lo reafirmamos en cada acción o pensamiento que emana de su ser.
Decía hace algunas horas sobre el Carnaval de Victoria 2017 que era algo muy interesante, porque, finalmente, en medio de un terrible ambiente de inseguridad y zozobra que vivimos hace muchos años, en medio de un clima de terror que ningún gobernante ha `podido erradicar a pesar de todas las promesas, Carlos hace mención a lo más importante de la fiesta que nos ocupó durante tres días y que despertó sentimientos favorables y en contra: dijo que finalmente, los victorenses pudimos salir a la calle a disfrutar, a comprar las papas asadas o los trolelotes, las raspas, los refrescos en las calles y dimos vida a un grupo que ha tenido dificultades extremas para sobrevivir: los vendedores ambulantes.
Carlos dice que es rescatable el hecho de que pudimos salir sin miedo, y si bien es cierto que no todo nos haya gustado, hay que destacar el espíritu de la gente de Victoria que inundó nuestras calles durante 72 horas, para culminar con un concierto que cerró un importante crucero… pero dejó grandes satisfacciones a miles de tamaulipecos.
Sobre los aspectos del Carnaval 2017, podemos decir muchas cosas, y realmente no nos agrada la idea de que se cierren las calles, lo que padecemos semana a semana con el paseo del “Libre 17” o las muchas carreras que desde las 6 de la mañana ahogan el tráfico de Victoria que, gracias a la permisividad de la autoridad federal, estatal y municipal está rebasado de unidades ilegales, vil contrabando que lo único que hacen es afear y entorpecer la vialidad.
Sin embargo, cuando tenemos necesidad de salir y cruzar esas “líneas enemigas”, tenemos que planear la ruta y ver por donde cruzaremos, como sucede cuando los desfiles de la independencia o la revolución, y entonces fabricamos nuestra propia ruta para no tener problemas.
Y, curiosamente, quienes critican este tipo de eventos como el Carnaval son los que en primera instancia aplauden a las autoridades cuando se las encuentran, y todo lo hacen a través de las redes sociales y el anonimato, el cobarde anonimato.
No podemos pensar que el Carnaval funcionó al 100 pro ciento, porque el factor humano siempre está ahí, latente y propicia algunas acciones no deseadas, pero el balance general, y lo decimos con el corazón, es, sinceramente, muy positivo.
Nos regresó la administración de Oscar Almaraz Smer la alegría de salir a nuestras calles, de volver a sentir el calor del asfalto victorense o la angustia de que nos lloviera durante el recorrido de las comparsas.
Desde nuestra óptica, fue positiva la organización.
También hay quien critica que se gastó dinero en ello. Es curioso: nunca tenemos conforme a la gente, y si bien es cierto, estamos “escamados” con las autoridades gracias a lo que hemos vivido y a la sarta de bribones que hoy en día pasean aún su impunidad ante lo que se llevaron, no podemos ver todo lo malo en cada acción.
Fue bueno, para nosotros lo fue, y es tan respetable la opinión como la de otros que piensen distinto, y una u otra forma de pensar no nos descalifica ni como personas ni como seres pensantes. No caigamos en la ofensa por no pensar como nosotros.
Ojalá este tipo de acciones nos lleven a cambiar la actitud en Victoria, y que los ciudadanos entendamos que si cambiamos la forma de ser podríamos avanzar mucho como personas, como individuos.
Muchas felicidades al alcalde Oscar Almaraz Smer, a su equipo de organizadores y colaboradores, y al p`úblico y participantes del Carnaval. Esperamos nos den el mismo regalo en 2018.
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