Como borregos…

Hay quien está de acuerdo con esas actitudes y las llame leales; otros, sin embargo, consideran las mismas como una clara muestra de la falta de compromiso, de carácter y de personalidad de quienes se dedican a la política y que, como sucede en estos días, su falta de sumisión es castigada mucho más fuerte que las demandas sutiles y engañosas que hay contra ex gobernadores ladrones.

El más reciente cso se refiere a Miguel Barbosa, coordinador del Partido de la Revolución Democrática en el Senado de la República, quien ha sido expulsado de ese presunto instituto político por desleal, traidor y todo lo que se acumule, por el simple hecho de manifestar su apoyo a uno de los precandidatos a la República Mexicana: Andrés Manuel López Obrador.

Pese a no coincidir con la ideología, ni de Barbosa ni de López, entendemos que la que se llevó a cabo es una acción inusitada y por donde se vea inmoral: se castiga a quien expone sus puntos de vista, y demuestra lo que es la política: las bancadas les llaman ahora a los grupúsculos de integrantes que llegaron por un mismo partido, y que obligadamente tienen que esperar la instrucción –línea, dicen otros- para emitir su opinión, somo si no tuvieran voluntad propia que, a juzgar por lo que se ve, pareciera que la han perdido junto con la dignidad.

Aplica, pos supuesto al Senado, al Congreso de la Unión y los Congresos locales en el país: 2Quien se sale del huacal, se va”, reza la frase que se aplica, y se lleva a cabo también en administraciones de todo tipo. Injusto pro donde se vea.

¿Qué sucede cuando no estamos de acuerdo con la decisión tomada? ¿Tenemos que someternos? Hay ocasiones en que, cuando se lleva a cabo un referéndum, una votación, se toma el acuerdo de la mayoría, y eso fortalece y sustenta el proceso de la democracia en el país, pero eso de querer que todos piensen igual, nos recuerda a las películas de clones, robots y entes sin cerebro.

No defenderíamos al senador del PRD, pero tampoco asumiríamos una actitud de respaldo para la presidenta de ese instituto, Alejandra Barrales, porque lo que ha hecho el senador es externar su opinión y ya, en estricto apego a la libertad de expresión garantizada constitucionalmente no a los periodistas, sino a la totalidad de los mexicanos.

Nada que ver la sumisión con que se vota en las Cámaras del país, y donde se toman decisiones totalmente injustas e impopulares por defender el salario y las prebendas que otorga un sistema generoso con quienes se corrompen junto a ellos.

Se toma la decisión de correr a quien reacciona y tiene criterio propio, y nos parece que, lejos de fomentar el respeto a la ley, alienta la represión a una de las pocas libertades que tenemos en el país.

Deben ser los partidos críticos y buscar verdaderos candidatos, personas dignas del voto, de confianza y de ser apoyados en su proyecto político y hacerlo comunitario, propio, y entonces, sacar una votación multitudinaria.

Pero qué sucede, porque resulta que no nos convence el dedazo, la imposición y la designación por la “mano divina” en cuestión: nos condenan y nos suspenden, nos expulsan y entonces se dan cuenta de lo que se ha hecho mal, y vienen las demandas de fraude, robo y demás.

La duda es, ¿Por qué hasta que se manifiestan en contra se dan cuenta que eran deshonestos?

Nada más claro que la complicidad para hacer lo que hacen en la forma tan poco clara con que se muestran ante una población cansada de estos movimientos que no dejan mucha claridad que digamos.

Son tiempos en que los partidos e institutos deben de convencer, deben de externar puntos creíbles para que sus miembros les apoyen y entonces hagan lo que deben de hacer, ya que, de otra manera, nunca se podrá garantizar un estado de democracia y respeto a los demás, poniendo el peligro uno de los pocos valores que tenemos: el criterio propio.