Levantar el castigo que la madre o el padre impusieron a su hijo por determinada falta no es bueno. En muchas ocasiones los padres hacen una alianza para educar o corregir a su hijo, que más allá de educar o corregir sitúa al menor en un estado total de desvalimiento.
Esta sensación de no contar con el apoyo de la madre o el padre en las primeras etapas de la vida produce una sensación de inseguridad y desconfianza. Cuando este tipo de sucesos se repiten y llegan a forman parte de la vida cotidiana del niño o niña, no sólo observaremos al menor retraído o desconfiado, sino que se está contribuyendo ya a desarrollar una personalidad lábil y fácilmente manipulable.
Es por eso que el apoyo que el menor reciba de su mamá, cuando su papá lo castigó, y a la inversa, es imprescindible. Hacerle ver que su padre (o madre) está enojado por la conducta que presentó, que no es la apropiada y que puede traer consecuencias desagradables para él. Sentirse acompañado, le permitirá desarrollar un Yo bien estructurado, que lo conecte con la realidad, que le permita discriminar entre lo que se debe hacer y lo que no se debe hacer. Recordemos que cuando se es niño la disciplina es tan importante como el amor que perciben de sus padres.