El uso y abuso de la imagen

Cuando tocamos el tema en el salón de clases, nos referíamos exclusivamente al uso de un programa maravilloso llamado Photoshop, y que es el mejor –desde nuestro punto de vista- en cuanto a manipular imágenes para convertirlas en algo que queremos y que, de alguna forma, se semeja con la realidad sin serlo en su totalidad.
Hemos recibido las críticas de los nuevos fotógrafos que aprendieron con una cámara que les regalaron y son muy diestros en manejo de software, principalmente el de referencia.
Resultaron expertos y dicen que los que aprendimos a grabar con luz somos anticuados, viejos, analfabetas, ignorantes y más; se olvidaron, claro está, que la fotografía se sigue haciendo con luz, y que su principal y única fuente para captar imágenes sigue siendo la luz.
Nada tiene que ver la manipulación con Photoshop en una concepción fotográfica. Nuestra idea es que, puede ser una imagen perfecta en todos sentidos, emanada de una fotografía y el arduo y magistral trabajo de quien maniobra en el ordenador, pero no puede considerarse una fotografía. Una imagen si, con lo que ello implica, e inclusive rayar en la perfección como hemos visto de grandes –muy grandes- autores, entre los que destaca la catalana Carmen Martínez, o Tino Rovira, y en México, el genial Pedro Meyer, o nuestro doctor José Luis Pariente, quien sigue siendo un referente en el arte de fijar y reproducir objetos en una superficie, ahora, a base de impulsos digitales, otrora, cristales de plata.
Pero el principio es el mismo.
Y quien no acepte, entendemos que está mal. La cerrazón con que se manejan los muchachos aprendices de fotografía es tremenda: consideran que por vender una o dos sesiones a sus amigos más cercanos en 200 o 300 pesos les otorga el título de fotógrafos, sin saber que éste –el título- lo otorga la experiencia y el prestigio que se alcanza mediante el trabajo cotidiano y no con los “Likes” de amigos de Facebook.
La fotografía es más seria que un intento de fan page, sinceramente.
Y los debates siguen apareciendo: tenemos en la Universidad Autónoma de Tamaulipas alumnos que consideran saberlo todo, y van a hacer el favor a los profesores de asistir de vez en cuando a clase, porque ya saben manejar Photoshop: lo presumen en su página de Facebook y nos piden un comentario cuando se desvelan retocando fotos.
Pero no haciendo, que es muy distinto.
Y para ejemplo, la fotografía de la actual sustituta de Señorita México, orgullosamente tamaulipeca, y que muestra un mosaico de dos imágenes: con y sin Photoshop, y la verdad, quien se precie de ver bien, se dará cuenta que son dos mujeres distintas.
Suponemos que quien diseñó el programa pensó en mejorar las imágenes, mas no en cambiarlas, y por ello, la fotografía ha perdido mucho de su reputación de honorable: hoy, cualquiera hace una imagen “bonita” arreglada en la computadora, pero no cualquiera juega con el sol o la luna para plasmar en un chip impulsos negativos y positivos que darán forma a una bella composición de formas y una armónica imagen que pudiera, inclusive, rayar en la perfección gráfica.
No es igual, y eso deben entenderlo esos pequeños genios de la fotografía.
La naturaleza está ahí, y ha estado desde que el mundo existe y la creación inició: ahora hay que tomarla y resguardar la imagen de algo que nos llamó la atención por su belleza o armonía, pero de ahí a pensar que hemos hecho la fotografía del siglo, la imagen perfecta… hay mucha distancia aún.
Es por eso que pedimos, todos los días, al Creador que nos de la fuerza y apertura suficiente como ha hecho en estos 44 años dedicados a vivir de la fotografía, para poder seguir aprendiendo, y no caer en ese soberbio pensamiento de los noveles fotógrafos que, con uno o dos “photoshopazos” piensan que ya saben hacer fotos.
Falta mucho, chicos, mucho aún.